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El loro de Flaubert

Por: Anne Larios

Julian Barnes es un novelista británico nacido en 1946 que se vale de su habilidad creativa para, tomando como centro al Gustave Flaubert (famoso autor de Madame Bovary), crear una novela que a ratos parece desigual pero nunca pierde su brillo. Dividida en 15 partes, El loro de Flaubert es una obra que trata sobre Flaubert (pues no hay capítulo en el que no se le mencione) pero no por el hecho de que intente recrear una biografía o una historia perdida, sino porque engloba todas las posibles significaciones de lo que terminó convirtiéndose el autor: será una estatua, un snack-bar, una ambulancia, fechas confusas, un oso, enemigo de burgueses, un carnicero que disecciona, un oculista, escritor y entrada de diccionario, lo no escrito, un examen, un loro y el protagonista de esta novela, metamorfoseado pero a fin de cuentas él.

La acción comenzará con una voz en primera persona (después descubriremos que esa voz tiene nombre: Geoffrey Braithwaite, un médico viejo y escritor frustrado apasionado de Flaubert) que deambula por las calles de Rouen. Al parecer él busca saber sobre la vida del escritor a toda costa, pues está en su pueblo de nacimiento, visita un museo y recuerda citas y argumentos de sus obras. La presencia del francés será tan fuerte que las fronteras entre los objetos que alguna vez pertenecieron al escritor, los objetos de sus novelas y la realidad se difuminarán:

Geoffrey encontrará al loro que sirvió de inspiración a Flaubert para darle un compañero a Felicité dos veces en museos distintos, ambos alardeando ser los verdaderos. Cierto día conoce a un hombre por circunstancias literarias de la vida, ese hombre lo contacta y le presenta el siguiente hecho: posee las cartas de la amante inglesa de Flaubert. Pero a este hecho irá aunado un problema: ha quemado las cartas. Con este capítulo se reafirma la idea que ya se venía planteando desde el inicio del libro: ¿cómo podrá asirse la realidad y cómo podremos diferenciarla de lo ficticio?

Este último problema está ejemplificado con la figura de los dos loros: el médico se obsesionará con el saber cuál es el loro auténtico de Flaubert, irá de un lado a otro intentando encontrar respuestas y finalmente las obtendrá, pero éstas serán igual de ambiguas que sus suposiciones: tal vez ambos son reales, tal vez ninguno lo es. Pero eso no importará, pues, como le recordará el viejo Andrieu, Flaubert era un escritor de la imaginación, por tanto, podrá cambiar la realidad según quiera. A fin de cuentas ¿no es eso lo que hace la literatura? Barnes hace lo mismo con su obra pues ésta no será una fiel biografía, pero eso no importará, pues es escritura, es imaginación.

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