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Feliz blanca Navidad, lástima que no sea tan verdad

Por: Patricia Ramírez

 

¿Listo para la Navidad?, ¿para los regalos, el árbol, las luces, la pirotecnia?, ¿listo para el empleo de árboles naturales, el consumo adicional de energía eléctrica, la contaminación por embotellamientos y por quema de pirotecnia?

 

La Navidad es una de las celebraciones más bonitas del año pero también hay que aceptar que no es muy verde que digamos; en estos tiempos, en los que está en agenda el cuidado ambiental, y no por moda sino porque la realidad nos está alcanzando, es importante que no pases por alto que muchas, sí, muchas, de las actividades humanas se realizan en detrimento del medio ambiente.

 

La discusión del uso de un árbol de Navidad natural es extenso y, como todo en la vida, tiene pros y contras… En México, en 2018, los productores nacionales de árboles de Navidad –entonces apoyados por la Comisión Nacional Forestal– pusieron a la venta 466 mil 394 ejemplares en toda la república.

Si compras un árbol natural, cortas un árbol pero apoyas a los productores, y si eliges esta opción adquirirás un producto que durante tres años, más o menos lo que dura sembrado, captó dióxido de carbono ayudando al medio ambiente, pero si se les hubiera dejado crecer… algunos datos son que, en el sexenio pasado, la Comisión Nacional Forestal apoyó a 31 productores de 19 estados para el establecimiento de 5,172 hectáreas de árboles, más o menos 10,300 canchas de futbol ¿qué tal?

 

A esto se agrega otro dificultad, en México existe un trabajo incipiente de reciclado de árboles; luego de que termina el año, son lanzadas algunas campañas para llevar el árbol que ya no se usa a estos centros, donde es triturado y posteriormente convertido en composta (abono orgánico), aunque lo cierto es que más de tres vecinos entregan su árbol viejo al camión de la basura, en ese caso el árbol no pasa por el proceso de reciclado.

 

¿Y entonces? ¿Un árbol artificial? El asunto con ellos, para empezar es que la producción de estos árboles, que está elaborado con resinas plásticas provenientes del petróleo, contamina el ambiente; además, aunque dura más años, a la larga, éste deberá ser desechado y generará residuos que no siempre se degradan fácilmente.

Con estos poquitos datos ya tienes para pensar sobre la adquisición de tu árbol familiar; yo, mientras lo pienso, te cuento que conozco a alguien con un árbol sembrado en casa, cada diciembre lo poda, lo adorna y lo hace lucir en perfectos tonos rojos y dorados… la desventaja: está fuera de casa; aunque he pensado que si sembramos uno en una gran maceta podremos ponerlo dentro, con todo y algunos bichos, dentro de casa.

 

Al árbol hay que ponerle esferas, adornos y luces y… sí, luces, y con esto aumentar el consumo de electricidad, que ya de por sí es más alto cuando conectas un calentador eléctrico por el frío que, dicho sea de paso, informan que en este invierno será casi insoportable.

 

El uso de luces en tu azotea, el balcón, la ventana, el árbol de tu casa, al árbol de la oficina, el Santa que se infla, el que se mueve, las campanas que suenan, el mayor uso de electrodomésticos y todo lo que se conecta a la luz en noviembre, diciembre y enero, consumen energía eléctrica. Sí, ya sé que dirás que la luz no contamina y eso es verdad pero su proceso de producción sí lo hace.

En México, según el Inventario Nacional de Emisiones de Gases y Compuestos de Efecto Invernadero, del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, las tecnologías convencionales para la generación de energía eléctrica contribuyen con 19% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero a nivel nacional (es la segunda actividad del país con mayor impacto al medio ambiente, después de las fuentes móviles), claro que todo esto no es sólo por las luces navideñas, pero ahí hay algunos datos duros, para que pienses que todo el año debes ahorrar energía.

 

Y si la electricidad es la segunda actividad con mayor impacto al medio ambiente, las fuentes móviles son la primera: durante la época navideña las emisiones de los automóviles aumentan cuando hay embotellamientos -generados por las compras de pánico o las multitudes en las zonas comerciales- y la quema de juegos pirotécnicos.

 

En diciembre también se da el fenómeno de inversión térmica, esto significa que el frío y la falta de viento  hacen más denso el aire y no permite que los contaminantes se eleven y se dispersen; así que si te gusta hacer compras de pánico y contribuir a los embotellamientos y celebrar con pirotecnia pero además te asumen amigo del ambiente, piénsalo dos veces.

 

Como dijimos al principio, la Navidad es una de las épocas más bonitas del año, pero en la actualidad debemos celebrar y actuar con conciencia, precisamente, para poder tener muchas navidades que celebrar y muchos regalos que dar y recibir, los cuales, quizá sea conveniente, no forrar para evitar, también, la generación de desechos poco o cero biodegradables.

 

¡Feliz Navidad!

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