La Monarquía de lo Corriente

 

 

 

Las redes sociales se han vuelto un exhibidor para exponer dos tipos de toxinas sociales: por una parte, al grupúsculo de orates prepotentes, majaderos, que se sienten muy influyentes, así como a la fauna de a pie, cuyo involuntario exhibicionismo la convierte en objeto de escarnio y le hace pagar en la verbena mediática. Y todo gracias a los trending topics conocidos como #Ladies y #Lords.

 

Damas de alcurnia

Todo comenzó en 2011, cuando irrumpieron en la escena mediática las #LadiesDePolanco: fueron las primeras en ostentar tan nobiliario título tras ser grabadas berreando alti y malsonantes palabras a unos policías, haciendo uso de un vocabulario barriobajero (“asalariados” sería la locución de mayor prosapia empleada por este par de virtuosas damiselas). De ahí que fueran bautizadas como “ladies”. Más tarde apareció #LadyProfeco, hija del entonces titular de esa dependencia, Humberto Benítez Treviño, la cual mandó clausurar un establecimiento por considerar “que no se le atendía como merecía”, lo que provocó que su papi tuviera el honor de ser el primer funcionario cesado por Peña Nieto (con la consiguiente expulsión de las “bondadosas alcobas del erario”).

 

El infierno de la chacota pública

Muy rápido este método de denuncia pasó a ser un fenómeno mediático empleado para burlarnos de aquellos cándidos despistados que fueron grabados en impúdicos, imprudentes y socialmente reprobables actos, y cuyos videos, fotos o audios se viralizaron y transformáronse en memes. Así surgieron #Lady100pesos, #LordPopó, #LadyCajero, #LadyDrSimi, #LadyComa, #LadyOxxo, #LadyCoralina y muchos ejemplos más.

 

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Ni el Edoméx se salva

Estos excelentísimos entes proliferan por todo el país, y nuestra entidad no es excepción; tenemos varios casos que nos muestran que los mexiquenses no cantamos mal las rancheras: para empezar tenemos a Emir Garduño Montalvo, alias #LordRollsRoyce; sus “escoltas” golpearon a un automovilista en las calles de Toluca. Lo malo es que dicho individuo resultó ser policía federal, así que el empresario no se pudo salvar de que lo balconearan y le sacaran más trapitos al sol (se supo después que tenía averiguaciones previas en su contra por empuñar un arma en un restaurante, ser testigo de un homicidio y defraudar una constructora en Michoacán).

También destaca #LordMeLaPelas, quien responde al nombre de Raúl Libién Santiago, director de Grupo Miled, cuyas publicaciones circulan por el valle de Toluca. Arne Aus den Ruthen Haag (mejor conocido como el city manager de la delegación Miguel Hidalgo) lo denunció pues sus guarros lo habían agredido, al querer, Ruthen Haag, remover los autos que obstruían las banquetas de Paseo de la Reforma.

Y otro que ya ni la burla perdona es Ernesto Nemer Álvarez, archiconocido personaje de la escena política mexiquense, quien, mientras fungía como subsecretario de Desarrollo Social, se tomó una foto mientras un menor le boleaba los zapatos (obviamente, algo hiede si el encargado de evitar la pobreza posa para la selfie con un niño mientras éste tiene que laborar). #LordBoleadas fue el epíteto puntual para definir tamaña vileza.

 

Don V€rg@s sale a escena

Las redes sociales hicieron posible la exposición de otra especie, denominada “Don V€rg@s”: el típico cínico que es ventaneado por cerrar una calle con un brincolín, ampliar la casa hasta cubrir la banqueta, o estacionar el auto atravesado. Así, los muros y los tuits se llenan con los variopintos ejemplos de estos prepotentes y abusivos individuos que viven cobijados por la impunidad, con una sociedad que los tolera y ante un gobierno que nomás se hace wey.

 

#LordFisgón

Pero, ¿por qué usuarios de redes y medios de comunicación se afanan tanto en mostrar a estos hazmerreíres? Los expertos opinan que todos tenemos “una necesidad de mirarnos y ser mirados”, que llevamos en el rinconcito más lóbrego de la psique “un espíritu voyerista”, pues nos gusta ver a los demás en situaciones comprometidas, especialmente si se trata de una persona poderosa (pero no es que tengamos un “resentimiento de clase”; nomás es que nos gusta que el karma surta efecto, ¿verdad?).

 

 

Así que ya lo sabes: en los tiempos del Facebook, cualquier hijo de vecino puede ser carne de cañón en las redes sociales. Por eso más vale que, si te aflora lo borracho, lo lépero, lo goloso o lo barbaján, revises que nadie ande por ahí celular en mano… no te vayas a convertir en la próxima #Lady o el subsecuente #Lord.

 

 

 

 

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