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Argentina le dice “No” al aborto; en México andamos igual

 

Y en otras noticias con las que uno pierde la fe en la humanidad de a poco en poco, el Senado argentino dijo “no, no, no” con 38 votos en contra y 31 a favor al derecho de las mujeres a tomar decisiones sobre su propio cuerpo en un proceso quasidemocrático en donde las convicciones religiosas ponen en entredicho el supuesto laicismo de la República Argentina… Ni hablar, todavía nos pesa el oscurantismo moderno como una loza de cruda realidad.

 

Con una oxidada ley sobre el aborto que data desde 1921, el gobierno argentino, encabezado por el conservador Mauricio Macri, le queda a deber a la mujer del siglo XXI y las décadas de lucha por los derechos humanos. Con esta rotunda derrota del progresismo ideológico en América Latina, la interrupción del embarazo sigue y seguirá siendo un delito cuya pena es de cuatro años en la cárcel, lo cual está grave si se considera que, según datos publicados por El País, una mujer aborta en Argentina cada minuto y medio.

 

Al tener que verse orilladas a arriesgar su vida con procedimientos sin regular, bajo condiciones de salubridad cuestionable además de exponerse a una temporada en prisión, las chicas argentinas comparten mucho con las mexicanas en este rubro, pues aquí en México el aborto también es un delito en 31 de los 32 estados de la República, con los de Querétaro y Guanajuato como los más anticuados e inquisidores.

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Para nosotros, la única luz al final del túnel es la ley de Interrupción Legal del Embarazo (ILE), aprobada en 2007 en la Ciudad de México luego de peticiones y años de presión por múltiples organizaciones. La reforma le ha salvado la vida a miles de mujeres de todo el país, de las cuales más de 44 mil son de aquí, del Estado de México. No obstante esta buenaventura mexicana que desde hace once años abandera el derecho a elegir en la capital, en Argentina la negativa del Senado seguirá poniendo en riesgo la vida de entre 350 y 450 mil mujeres que deciden interrumpir el embarazo en el país de la bandera albiceleste. Muchas de ellas no salen de la clínica clandestina para contarlo.

 

Quién sabe si los legisladores, la Iglesia y los miles de argentinos provincianos, quienes promueven con más intensidad estos valores ultraconservadores, estén enterados de estas cifras, de las vidas que se pierden por ahí entre procedimiento ilegal y otro; no sabemos, tampoco, si están al tanto de que, según múltiples estudios, someterse a un “legrado” no lastima, hiere ni produce dolor en el feto hasta las 24 semanas de gestación, momento en el que la sinapsis del cerebro todavía no se ha desarrollado. Lo que sí sabemos que saben, por otro lado, es que la decimonónica ideología pro-vida resulta más convincente en plena posmodernidad.

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