El termómetro marcaba cerca de 30 grados en el corazón de la Ciudad de México, pero el calor no fue excusa para quienes, fieles a su esencia, desafiaron el sol con atuendos oscuros y maquillaje corrido. La estética emo alcanzaba su máximo esplendor entre los asistentes a la Marcha Emo 2025 CDMX: delineadores negros y rojos que se esparcían como ríos sobre mejillas pálidas, guantes de red, playeras de rayas, botas de plataforma y flequillos rebeldes cubriendo miradas melancólicas. Entre moños y calaveras, el punto de encuentro fue la explanada de Bellas Artes.
La convocatoria, lanzada en redes sociales, despertó escepticismo entre algunos, quienes pensaron que se trataba de una broma punk. Pero el día llegó y más de 500 personas acudieron puntuales a la cita. Ahí estaban: chaquetas de cuero, pantalones entubados y peluches acompañando a los marchantes, quienes con orgullo revivían la esencia de una subcultura que, para muchos, nunca fue solo una fase.
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Aprovechando la reunión, comerciantes improvisados montaron su negocio. Banderas, snacks, moños, e incluso capibaras de peluche con flequillos emo circulaban entre los asistentes. La espera bajo el sol se hacía amena con el himno de una generación: My Chemical Romance, Panda y Finde se entonaban con una sola voz. Era un salto en el tiempo, un eco del 2008, pero con la madurez de quienes, entre gritos y risas, demostraban que el emo sigue vivo.
Y entonces, un giro inesperado. Entre la multitud, una pareja decidió comprometerse. «El amor triunfó», se escuchó entre aplausos y ovaciones. El público celebró con la solemnidad que la ocasión ameritaba, mientras alguien susurraba que Gerard Way seguramente daría su bendición desde algún lugar del universo.








El reloj avanzaba y llegó el momento de partir
Reforma se tiñó de negro mientras los asistentes tomaban las calles con sus bocinas portátiles, creando un soundtrack ambulante que llenaba de nostalgia la ciudad. No solo era un reencuentro de los adolescentes de antaño; también había rostros jóvenes, menores de 25 años, que demostraban que la influencia emo trascendió generaciones.
El destino final era la Glorieta de los Insurgentes, un lugar que hace 17 años fue testigo de un enfrentamiento entre emos y punks. Ahora, rodeado de franquicias como Little Caesars y Oxxo, se convertía en un refugio para quienes buscaban sombra. Aquellos que no encontraron cobijo confiaban en sus flequillos como última defensa ante el sol implacable.
La energía no decayó
La música siguió sonando, acompañada por dos músicos con guitarra y amplificador, versionando en acústico temas de Alesana y Allison. Algunos prefirieron observar desde la sombra, sentados en las orillas de la explanada, como si esperaran que todo acabara. Pero la tarde estaba lejos de terminar.
A las 5:00 de la tarde, la euforia seguía intacta. La gente saltaba, bailaba, cantaba, se tomaba fotos y daba entrevistas a los medios curiosos. Una «batalla campal» simbólica con botellas vacías recordó la tensa confrontación de 2008, pero esta vez con un espíritu completamente distinto: no había violencia, solo juego y complicidad.













Conforme el sol se ocultaba, la audiencia aumentaba. Muchos no habían marchado, pero querían ser parte de la reunión. El destino final sería algún foro, casa o bar en Insurgentes, donde tal vez la música ya no sería emo, pero la nostalgia seguiría flotando en el aire.
La Marcha Emo 2025 CDMX quedó grabada en la historia, al igual que el emblemático enfrentamiento de 2008. Quizá esta haya sido solo la antesala de una futura reunión, una que siga uniendo a quienes resistieron las críticas y demostraron que esto nunca fue una simple etapa, sino un auténtico estilo de vida.



