El próximo 28 de junio, miles de personas saldrán a marchar, celebrar, bailar… pero también a recordar. Porque la historia del Orgullo LGBT+ en México y el mundo no empezó con carros alegóricos, sino con inconformidad.
Cuando la lucha comenzó
En 1969, la policía de Nueva York solía hacer redadas en bares gays como parte de su rutina represiva. Pero algo cambió la madrugada del 28 de junio, cuando irrumpieron en el Stonewall Inn, en Manhattan. La comunidad dijo basta. Se defendieron, se enfrentaron y tomaron las calles durante varios días. Así nació la Rebelión de Stonewall, el punto de partida del movimiento moderno por los derechos LGBTQ+.
Desde entonces, cada junio es un recordatorio de que estar orgullosxs también es resistir.

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Orgullo sí, pero no sin lucha
Aunque se han logrado avances importantes, el Orgullo LGBT+ sigue siendo político, en México y el mundo. Porque la violencia, el odio y la discriminación siguen presentes.
En México, 6 de cada 10 personas LGBT+ han sufrido discriminación, y más de la mitad ha enfrentado agresiones físicas o acoso, según la CNDH. Marchamos porque aún hay personas que tienen miedo de salir del clóset en su casa, escuela o trabajo. Porque hay crímenes de odio que siguen impunes. Porque la diversidad aún incomoda y porque el camino es largo.
México también tiene su historia
Nuestro país tiene su propio camino en esta lucha. En 1901, la detención de 41 hombres homosexuales en una fiesta privada en la CDMX marcó el primer escándalo mediático sobre diversidad sexual. Desde entonces, el número 41 se convirtió en símbolo del Orgullo LGBT+ en México.

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Tuvieron que pasar casi ocho décadas para que llegara la primera marcha del Orgullo LGBT+ en México: fue en junio de 1979 con un contexto político propio, marcado por el machismo, la represión y el silencio social.
El “orgullo” no es solo una emoción, es un discurso político que nació para contrarrestar la narrativa que nos decía que ser LGBT+ era algo malo, enfermo, anormal. Es una forma de decir «sí existo y no me avergüenzo», cuando por siglos se intentó borrar su voz.
Hoy se marcha por visibilidad, pero también por memoria y por las luchas que siguen. Porque los derechos conquistados no están garantizados. Porque el arcoíris también es protesta.



