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Fast fashion: el lado oscuro de la moda y su impacto ambiental

En un momento donde lo más importante es reducir nuestra huella ecológica para frenar el impacto ambiental hay ciertas problemáticas cotidianas que pasan desapercibidas porque ya son hábitos en nuestra vida.

 

 

Un ejemplo de ellas es el fast fashion, también conocido como el consumo acelerado de la moda o moda rápida, y es fácil de explicar: comprar más, usar menos.  Adquirir prendas a una velocidad luz que tarde o temprano se quedarán almacenadas en el guardarropa, pero aun así seguiremos comprando más y más. Pero, ¿esto es nuestra culpa?

 

 

Esa fórmula de consumo acelerado tiene al planeta en una gran encrucijada debido a que la industria textil es una de las que más contaminantes genera y, actualmente, las prendas de vestir y los textiles representan un 5% del comercio mundial de los productos de manufactura, siendo la cuarta industria más representativa.

 

 

Este proceso de expansión de la industria y sus grandes volúmenes comercializados, combinado con la necesidad de la industria de innovar y presentar las últimas tendencias de la moda, derivó en la consolidación del concepto “fast fashion” o “moda rápida”.

 

 

Aunque nosotros somos los principales impulsores del fast fashion debido a que pagamos las prendas que las grandes marcas nos presentan (y al tiempo que nos las presentan), la verdad es que el problema viene de más abajo, porque son las industrias las que para ganar mercado buscan innovar y año con año, de acuerdo al cambio de gustos del consumidor, introducen cientos de colecciones a precios accesibles (pensemos en los famosos “colección primavera-verano” y “otoño-invierno”).

 

 

Podemos decir que, en efecto, nos hacemos “adictos a la moda”, pero esto impacta terriblemente el mundo porque estamos comprando más que nunca y desechando más que nunca, entonces la producción de la industria tiene que abastecer nuestras necesidades a una velocidad fatal.

 

 

Sí, también hablamos de un consumismo nato que puso de moda la cultura pop y las redes sociales. Vamos, nadie quiere ser visto con la misma ropa todo el tiempo. Eso no va en el feed de Instagram.

 

 

Esta tendencia consumista ha hecho que el promedio de uso de una prenda nueva sea de solo siete veces antes de ser desechada y que, en los últimos 20 años, se haya presentado un aumento del 400% en el consumo de ropa en el planeta.

 

 

Bajo costo de producción, impacto ambiental drástico

 

 

La realidad del fast fashion es que todas las prendas se producción de manera acelerada y a un bajo costo, por eso es tan sencillo responder a la demanda del consumidor.

 

 

Este es precisamente el lado oscuro de la industria textil: responde a un alto consumo de los recursos naturales y produce demasiados insumos químicos, por lo tanto, hay una ola expansiva y catastrófica de producción de emisiones y de residuos.

 

 

La industria de la moda se encuentra entre las más contaminantes del mundo y, en palabras de la diseñadora Stella McCartney, se ha vuelto “increíblemente derrochadora y perjudicial para el ambiente”.

 

 

 

 

El impacto ambiental a corto y largo plazo

 

 

De acuerdo con datos de ConTREEbute, según el World Resources Institute -WRI-, producir una camisa de algodón consume 2mil 700 litros de agua y la industria textil genera el 20% de la contaminación industrial del líquido azul. Así mismo, se estima que en la producción de una camisa se emiten entre 2,1 y 5,5 Kg de CO2  y las prendas de poliéster son las que mayores emisiones generan -cerca de 706 billones de Kg de CO2 en 2015-.

 

 

En el informe Pulse of the Fashion Industry de Global Fashion Agenda y Boston Consulting Group se estima que, de acuerdo a las tendencias de consumo actuales y las perspectivas de crecimiento, el consumo de agua, las emisiones de CO2 y la generación de residuos aumentarán entre 50 y 63% a 2030.

 

 

Y si esto no fuera ya terrible, también surge otra problemática: la producción textil involucra al menos a 40 millones de obreros de los cuales alrededor del 85% son mujeres, muchas menores de edad, que solo ganan dos dólares al día y laboran en condiciones inhumanas.

 

Soluciones accesibles

 

 

La alternativa más inmediata para frenar el fast fashion recae en la ropa de segunda mano. Hoy en día la tendencia sustentable más importante dentro del ámbito de la moda es comprar en bazares second hand.

 

 

Audrey Stanton de The Good Trade menciona que “comprar ropa de segunda mano brinda a las personas la oportunidad de comenzar su viaje hacia la moda sostenible, incluso si no tienen los la los medios para comprar nuevas opciones hechas de forma consciente (refiriéndose al impacto ambiental)”.

 

 

También agrega que comprar ropa de segunda mano prolonga un poco más la vida de las prendas y evita que terminen en los vertederos cuando aún pueden ser usadas.

 

 

“Si uno de los principales problemas que genera la moda rápida es el desperdicio, y comprar de segunda mano es un método de reducción de desperdicios, entonces, por naturaleza, eliminar el desperdicio creado por la moda rápida es una buena idea”, menciona Naomi Goez en The Good Trade.

 

 

 

 

 

 

Otra de las opciones es que le exprimas la vida a tus prendas. Úsalas tanto como puedas y no compres excesivamente, solo cuando de verdad lo necesites. El ciclo de vida de una prenda puede ser de años.

 

 

Si te interesa comprar o conocer algunas alternativas para la moda sustentable, aquí te dejamos algunas cuentas de bazares de ropa de segunda mano que pueden ayudarte a encontrar prendas súper cool:

 

@monocromo_bazar (entregas en Toluca Centro + envíos a toda la República).

 

@sukhabazar (renuevan ropa y puedes vender las prendas que no ocupes. Sede en Toluca).

 

@ecobazaropcionb (entregas en Toluca y envíos a toda la República).

 

@secondchoice__bazar (entregas en Toluca y Metepec + envíos a toda la República).

 

 

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