No es una escena de ciencia ficción ni un experimento en un laboratorio secreto: es historia espacial pura. Recientemente se creó por primera vez un eclipse solar artificial desde el espacio, una hazaña sin precedentes realizada por la Agencia Espacial Europea (ESA)
¿Cómo se logró crear el primer eclipse artificial?
El primer eclipse artificial fue posible gracias a la misión Proba-3, que utilizó dos satélites: el Coronógrafo y el Ocultador, que vuelan en formación a tan solo 150 metros de distancia con una precisión milimétrica.
Durante varias horas, estas dos naves espaciales se alinearon perfectamente con el Sol, y el Ocultador —con un disco de 1.4 metros— bloqueó la luz solar para que el Coronógrafo pudiera observar uno de los fenómenos más elusivos y poderosos del universo: la corona solar.

Imágenes sorprendentes
Las primeras imágenes captadas por el instrumento ASPIICS, a bordo del Coronógrafo, ya están siendo procesadas por el Real Observatorio de Bélgica. Lo sorprendente no es solo la calidad de las imágenes (comparables a las de un eclipse natural), sino la duración del fenómeno: mientras que un eclipse total tradicional dura apenas unos minutos, Proba-3 puede mantener su eclipse artificial por hasta seis horas.

A diferencia de misiones anteriores, Proba-3 no utiliza un solo satélite con instrumentos integrados, sino dos naves que funcionan como si fueran una sola. Gracias a sistemas de navegación por GPS, láser, sensores estelares y radiofrecuencia, pueden mantener su alineación con un margen de error inferior al grosor de una uña. Todo esto sin intervención humana en tiempo real: completamente autónomo.
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Más allá del espectáculo, el impacto científico es enorme. Proba-3 permitirá generar eclipses cada 19.6 horas, lo que representa una fuente continua de datos para estudiar el clima espacial.

Según la ESA, durante los próximos dos años, se esperan más de 200 eclipses artificiales gracias a esta misión, sumando más de mil horas de observación continua del Sol. Los datos obtenidos se integrarán en simuladores como COCONUT, desarrollados por la Universidad KU Leuven, que ayudarán a predecir tormentas solares antes de que causen estragos en la Tierra.



