Entre música, escritura y humor, Insulini y Los Espantasuegras comparten cómo construyen sus ideas: empezar desde lo básico, experimentar y dejar que el proceso creativo crezca poco a poco.
En la conversación con Insulini y Los Espantasuegras hay una idea que se repite con naturalidad, casi como una regla que atraviesa todo lo que hacen: lo grande no se construye desde lo grande, sino desde lo pequeño, desde lo que sí se puede sostener antes de intentar algo más ambicioso.
Los cuentos de Carambilla: cómo nació el libro de Insulini
El punto de partida es Los cuentos de Carambilla, el libro de Insulini, que no nació como un proyecto perfectamente planeado, sino como una corrección de rumbo. La intención inicial era escribir una novela, algo amplio y complejo, pero pronto se encontró con un problema común en cualquier proceso creativo: aún no descubría cómo trabajar un proyecto tan amplio.


Insulini en meet & greet en Toluca. Fotografías: Ariadna Barrón
La solución fue más simple de lo que parecía, aunque no necesariamente más fácil de aceptar: empezar desde lo mínimo.
Primero demuestra que puedes escribir algo pequeño… luego ya lo rellenas.
A partir de ahí, todo cambió. Un cuento llevó a otro, y luego a otro más que comenzaba a relacionarse con los anteriores, hasta que ese conjunto terminó construyendo algo más grande sin necesidad de forzarlo desde el inicio.
El proceso creativo: por qué hay que empezar desde lo básico
Esa lógica no se queda en la escritura. También define la manera en que entienden la música.
Hoy, dicen, muchas personas quieren hacer canciones o incluso “pegar” rápido sin pasar por lo básico, sin entender realmente cómo se construye una pieza desde su estructura más simple. Para ellos, ese salto se nota.
Estudiar música es lo primero. Sin eso no hay nada.
La comparación aparece casi sola: intentar hacer música sin bases es como querer escribir una novela sin saber construir un cuento, porque en ambos casos lo que falta no es creatividad, sino proceso.


Fotografías: Ariadna Barrón
Cómo crean música Insulini y Los Espantasuegras
Cuando componen juntos, muchas veces comienzan por una idea clara, por el tema, por aquello que quieren decir, y a partir de ahí definen el tono o el género; aunque otras veces todo arranca desde un lugar mucho más intuitivo, como una melodía o una tonadita que aparece sin explicación y que después encuentran cómo desarrollar.
Se nos ocurre una tonadita… y luego vemos con qué la rellenamos.
Esa flexibilidad les permite moverse entre distintos puntos de partida y construir canciones desde lugares completamente diferentes.

La mezcla de ideas: del humor al doble sentido
Esa libertad creativa también se refleja en la forma en que mezclan ideas que, en teoría, no deberían convivir, pero que terminan funcionando dentro de su universo musical.
Como una canción que nació de unir dos conceptos completamente distintos: versos llenos de dobles sentidos con un coro inspirado en una letanía, una combinación inesperada que encontró su lugar.
Quedaron un montón de albures con un coro católico… pero funciona.



Fotografías: Ariadna Barrón
Por qué las ideas se pierden si no las guardas
En medio de todo ese proceso, hay algo que tienen claro: las ideas son frágiles y, si no se capturan en el momento, desaparecen. Por eso, las notas de voz, los apuntes y los fragmentos guardados se vuelven parte esencial de su forma de trabajar.
Si no las grabas, se te olvidan y ya no las recuperas nunca.
Crear en grande empieza desde lo pequeño
Al final, tanto en Los cuentos de Carambilla como en su música, lo que queda no es solo el resultado, sino una forma de entender la creación que va en contra de la prisa: no empezar desde lo espectacular, sino desde lo posible, construir desde ahí y dejar que, poco a poco, lo grande se forme solo.
Porque en su caso, crear no es intentar hacer algo enorme desde el inicio, sino tener la paciencia de empezar.

Fotografías: Ariadna Barrón
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