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Marea Roja en el Estado de México: la colectiva que impulsa la justicia menstrual desde aulas, comunidades y espacios invisibilizados

4–6 minutos

En el Estado de México, hablar de menstruación ya no es solo un tema privado. La colectiva Marea Roja MX trabaja en escuelas, comunidades y centros de internamiento para visibilizar la pobreza menstrual, instalar dispensadores gratuitos y promover educación con perspectiva de dignidad, abriendo una conversación urgente sobre derechos, salud y acceso en la vida cotidiana.


Hay temas que durante años se han quedado en voz baja, como si solo pudieran existir detrás de una puerta cerrada. La menstruación es uno de ellos. Sin embargo, en distintos puntos del Estado de México, una red de educadoras menstruales está cambiando esa narrativa desde lo más concreto: información, acompañamiento y acceso.

Marea Roja MX nació hace cuatro años impulsada por Victoria González Herrera, egresada de Antropología de la UAEMéx, a partir de una pregunta sencilla pero incómoda: ¿qué pasa cuando menstruar se vuelve un problema porque no hay recursos, información o apoyo?

Nosotras reivindicamos primero la dignidad y luego la menstruación, porque hablar de menstruar también es hablar de derechos humanos.

Lo que empezó como una inquietud académica se convirtió en un proyecto que hoy atraviesa aulas, centros penitenciarios, espacios de internamiento juvenil y comunidades donde la conversación apenas comienza.

Nombrar lo que antes se callaba

El nombre Marea Roja surge como un gesto simbólico dentro de las luchas feministas contemporáneas. Si existen otras mareas para distintos derechos, esta busca poner en el centro algo que históricamente se ha relegado al silencio.

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“La Marea Roja viene para hablar de lo que mucho tiempo ha estado callado y reservado a los espacios privados”, comparte Victoria.

La colectiva parte de reconocer que la menstruación no solo es un proceso biológico, sino una experiencia atravesada por la cultura, la economía y las condiciones sociales. En contextos de vulnerabilidad, puede implicar decisiones difíciles o soluciones improvisadas que afectan la salud y la dignidad.

Cuando menstruar revela desigualdades

Uno de los hallazgos que impulsó el proyecto fue escuchar historias sobre cómo se vive el ciclo en contextos donde el acceso a insumos no está garantizado. Las realidades son diversas, desde mujeres privadas de la libertad hasta adolescentes sin información sobre su propio cuerpo.

Relata que “hay jóvenes que llegan a los 18 años sin que nadie les haya enseñado a ponerse una toalla. Muchas vivieron su primera menstruación con miedo”.

La colectiva insiste en que entender estas experiencias requiere sensibilidad y escucha, especialmente en territorios donde intervienen cosmovisiones y prácticas culturales distintas.

No es lo mismo menstruar en Toluca que en una comunidad indígena. Cada territorio tiene su propia narrativa y hay que trabajar desde ahí.

Dispensadores que abren conversaciones

Una de las iniciativas más visibles son los dispensadores de toallas sanitarias. Actualmente existen alrededor de 20 en distintos municipios del Estado de México, instalados en escuelas y universidades.

Más allá del acceso, estos espacios funcionan como detonadores de conversación, pues al inicio existe resistencia en tan siquiera tomar una toalla del dispensador, pero cuando se vuelve parte del paisaje, la dinámica cambia. Cuando comienza a haber más confianza, incluso los alumnos varones se integran a la dinámica de completar las toallas faltantes en los dispensadores.

Al principio nadie toma nada por vergüenza, pero cuando se vuelve parte del entorno, empieza la confianza y la comunidad se involucra.

En niveles básicos, buscan que los insumos sean gratuitos, mientras que en educación media y superior funcionan de manera autogestiva, cada quien repone lo que usa.

La meta es clara: que ninguna persona deje de asistir a clases o enfrente incomodidades por falta de insumos de gestión menstrual.

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Dispensador de Marea Roja MX

Desmontar mitos desde la educación

Marea Roja trabaja para cuestionar ideas arraigadas que asocian la menstruación con roles limitantes o tabúes. A través de talleres y diálogos, promueven información que permita vivir el ciclo sin culpa ni silencio.

La menstruación tiene dos miradas: la biológica y la cultural. Desmitificar este proceso significa reconocer que menstruar no significa que tengas que asumir ciertos roles o dejar de hacer cosas. Es un proceso vital que debemos entender sin miedo.

También se busca involucrar a toda la comunidad, incluyendo a hombres y personas que no menstrúan, porque consideran que la transformación cultural requiere participación colectiva.

Menstruar también es un tema político

Desde su perspectiva, hablar de menstruación implica reconocer desigualdades estructurales y pensar en cómo se vive el ciclo en contextos extremos, desde la pobreza hasta, situaciones de conflicto.

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«La menstruación es parte de nuestra ciclicidad, pero no debería tener impacto en la cultura».

Así, menstruar se convierte en algo político porque nos obliga a mirar las condiciones en las que viven las personas y a preguntarnos qué tan justo es el acceso a lo básico. Por ejemplo, las mujeres en sistemas penitenciarios sufren una doble condena: ser privadas de su libertad y el abandono de sus círculos cercanos, orillándolas a sufrir la carencia de productos básicos, entre ellos, insumos de gestión menstrual.

Este enfoque ha permitido que el proyecto se posicione no solo como iniciativa educativa, sino como un actor que busca incidir en conversaciones más amplias sobre políticas públicas y derechos.

Lo que viene para Marea Roja

El recibir el reconocimiento «Premio Municipal de la Juventud 2025» por «Labor Social y Ambiental» ha impulsado nuevos objetivos: constituirse como asociación civil, ampliar su red de dispensadores y llegar a más espacios donde la información sigue siendo limitada.

También planean círculos de estudio y talleres para fortalecer la comunidad y generar recursos que permitan sostener el proyecto a largo plazo.

Queremos seguir tocando puertas y demostrar que sí hay personas dispuestas a escuchar y apoyar.

Más que un proyecto, una conversación en movimiento

Marea Roja recuerda que hablar de menstruación no es solo hablar del cuerpo, sino de acceso, cultura, educación y empatía. En cada dispensador instalado y cada taller impartido hay una invitación a mirar de frente algo cotidiano que durante mucho tiempo se mantuvo en la sombra.

En un contexto donde cada vez más voces buscan transformar lo cotidiano, la colectiva abre un espacio para que menstruar deje de ser un tema incómodo y se reconozca como parte de una conversación necesaria sobre dignidad y comunidad.

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