fbpx

Los libros prohibidos

Por: Anne Larios

 

“There are worse crimes than burning books. One of them is not reading them.”

― Joseph Brodsky

El ansia por destruir o censurar los escritos es tan antiguo como el inicio de la escritura. Podemos rastrear esto desde la destrucción de los poemas de Empédocles y la censura hacia Protágoras, sin embargo el problema tomó fuerza con la llegada de la imprenta.

En dicha época, la Iglesia tenía un poder casi absoluto, y la fe era el motor de todas las empresas del hombre, por lo cual la imprenta se vio a ojos de algunos como un aliado divino que permitía una rápida propagación de la verdad (Lutero) o como la amenaza que permitía una pluralidad desmedida de ideas que podían resultar peligrosas (la Inquisición). Es famoso el Index librorum prohibitorum (Índice de libros prohibidos), lista publicada por la Iglesia Católica desde el año 1564 hasta 1948 que contenía los títulos o autores que dañaban la fe.

Así, en siglos posteriores fueron prohibidos el Decamerón de Bocaccio, el Cándido de Voltaire, Justine y Juliette del Marqués de Sade (por el propio Napoleón Bonaparte); a su vez, se llevaron a cabo los juicios por faltas a la moral y la vida pública a Gustave Flaubert y Charles Baudelaire, sin embargo, fueron tan sonados que lograron despertar aún más el interés del público lector.

En épocas más recientes la censura no viene exclusivamente de la Iglesia, sino también de los propios gobiernos temerosos del libre pensar, así como de supuestas ligas de decencia que en su afán por velar por la conservación de valores han condenado un sinfín de libros. Tal fue el caso de Hojas de hierba de Whitman (prohibido en Boston por su contenido sexual), La metamorfosis de Franz Kafka (no permitido por el régimen nazi ni la Unión Soviética), el Ulises de James Joyce (enjuiciado por impuro y lujurioso, hasta 1933 se levantó su prohibición) y Trópico de Cáncer, de Miller (tuvo un juicio y su censura acabó después de 27 años).

De igual modo, en época más reciente y dentro de América latina se vivió lo mismo con las dictaduras. Resalta el caso de Argentina donde, a poco tiempo de dado el golpe, se hizo costumbre quemar libros previamente seleccionados, muchos de ellos con temáticas “marxistas”.

Post a Comment

A %d blogueros les gusta esto: