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Adelitas, generalas, periodistas, ellas son las mujeres de la Revolución

 

Hoy es 20 de noviembre y estamos celebrando 110 años de uno de los movimientos políticos y sociales más importantes de la historia del país, La Revolución Mexicana.

 

 

 

Seguramente lo primero que te viene a la mente es Francisco I. Madero, Pino Suárez, Huerta y hasta Emiliano Zapata, pero la realidad es que poniéndonos exigentes, muy poco se habla de las mujeres que se encargaron de hablar y defender la causa en muchos sentidos.

 

 

No hay que olvidar que en ese tiempo era común que las mujeres fungieran como “soldaderas” y también lucharon en los campos de batalla. Además, tuvimos muchas adelitas, término que se empleó para denominar a las enfermeras revolucionarias. De acuerdo con el Universal, de 1914 a 1917, se registró la filiación revolucionaria de 124 enfermeras: 19 enfermeras en el zapatismo, 10 en el villismo, 2 convencionistas y 93 constitucionalistas-carrancistas, de acuerdo con Martha Eva Rocha Islas en Los rostros de la rebeldía.

 

 

Así es, las mujeres aprovecharon al máximo su participación para ganar más respeto y derechos en algunos estados, especialmente en Yucatán, donde organizaron el Primer Congreso Feminista.

 

 

Hoy queremos rememorarlas y aquí te dejamos algunos nombres que no deben ser olvidados.

 

 

Adela Velarde Pérez

 

 

Como te imaginas, Adela es la razón por la que todas sus compañeras y compatriotas fueron nombradas “adelitas”. Cuando comenzó sus ideales revolucionarios solo tenía 14 años y huyó de su casa para unirse a la Cruz Blanca Constitucionalista, una brigada itinerante conformada por personal que salió de Laredo rumbo a Ciudad Juárez.

 

 

Desde ese entonces, se dedicó a atender heridos, transportar armas, encargarse de los alimentos e incluso participar en batallas si se le requería.  Se dice que su destreza y eficiencia la convirtieron rápidamente en una de las favoritas de las tropas. También se sabe que tuvo una destacada participación en contra de la Usurpación Huertista

 

 

Después de la Revolución, Adela Velarde trabajó durante 32 años en un puesto burocrático de la Secretaría de Industria y Comercio. En 1963 se le concedió una pensión como veterana de la Revolución según lo constatando por Elena Poniatowska en el libro Las soldaderas.  También fue miembro de la Legión de Honor Mexicana.

 

 

 

 

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza

 

 

Juana Belén Gutiérrez escribió literatura feminista radical contra el catolicismo, la corrupción política y las injusticias sociales durante el porfiriato. Díaz la encarceló con frecuencia, pero a pesar de ello, continuó transmitiendo sus ideas sobre la ilegitimidad de los líderes y partidos políticos. Llegó a tener pocas esperanzas de que la Revolución pudiera traer cambios, especialmente después de que Carranza asesinara a Zapata, a quien ella consideraba como el único líder verdadero, en 1919.

 

 

Gutiérrez creía firmemente en la democracia y culpaba a los mexicanos por no insistir en el ejercicio de sus derechos. Luchó para que la gente votara y así poder derrocar a la oligarquía militar y reemplazarlos por funcionarios civiles. ¿A poco no una fregona?

 

 

 

 

 

Dolores Jiménez y Muro (1848–1925)

 

 

El presidente Díaz, y más tarde Huerta, encarcelaron en numerosas ocasiones a Dolores Jiménez y Muro, una socialista y activista política de Aguascalientes, por su trabajo en numerosas publicaciones de izquierda, incluyendo La Mujer Mexicana, en donde era miembro de la redacción.

 

 

En 1911 Jiménez y Muro planeó una conspiración para llevar a Madero a la presidencia, conocida como “El Plan Político y Social Proclamado por los Estados de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Campeche, Puebla, y el Distrito Federal (18 de marzo de 1911)”. A diferencia de Madero, sin embargo, Jiménez y Muro creía en reformas sociales y económicas.

 

 

Ella también abogaba por la descentralización del sistema educativo, un salario justo y equitativo para todos los trabajadores, acceso a vivienda barata, y garantías para las poblaciones indígenas. Al conocer sus ideas, Zapata le pidió ayuda para su causa, y en 1913, Jiménez y Muro se unió al líder revolucionario en Morelos, permaneciendo allí hasta que éste fue asesinado en 1919.

 

 

 

Margarita Neri

 

 

Margarita Neri fue una de las pocas mujeres con nombre propio en la Revolución. Nacida en Quintana Roo en 1865, Neri había sido una hacendada antes de la Revolución. Después de ser abandonada por los hombres durante el conflicto, Neri levantó su propio ejército, unos 200 hombres al principio, pero que aumentó a 1.000 en sólo dos meses. Sus hombres la seguían porque podía disparar y cabalgar tan bien como cualquiera de ellos.

 

 

Condujo a sus tropas por Tabasco y Chiapas en campañas de saqueo, asustando al gobernador de Guerrero de tal manera que éste huyó en una caja de embalaje al enterarse de que Neri estaba al llegar a la zona.

 

 

 

Col. María Quinteras de Meras

 

 

María Quinteras de Meras fue una coronela muy respetada por Pancho Villa. Esta soldadera demostró sus cualidades militares en las diez batallas en las que luchó durante los tres años que permaneció en el ejército villista, de 1910 a 1913.

 

 

Tanto Quinteras de Meras como su esposo lucharon como voluntarios en el mismo grupo rebelde. Después de la Revolución, el matrimonio se negó a aceptar cualquier tipo de remuneración de Villa por los servicios prestados.

 

 

 

Hermila Galindo

 

 

Hermila Galindo editó la revista femenina Mujer Moderna. En 1915 trabajó a favor de Carranza y frecuentemente se dirigía a grupos feministas para animarles a que lucharan por sus derechos. Galindo era precisamente la clase de mujer a quien los moderados temían.

 

 

Ella abogaba por una educación general y sexual para las mujeres, y creía que merecían todos los derechos que se concedían a los hombres, incluido el derecho al voto.

 

Así es, aparece en el nuevo billete de mil por esta y más razones.

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