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ARN, la molécula que podría sacarnos de la pandemia

Hoy en día el ARN es, quizá, uno de los temas científicos más discutidos de todos los tiempos. La razón es simple, dos de las vacunas COVID19 más esperadas del mundo se basan en esta molécula. Este compuesto, además, es algo sin el que la Tierra no podría existir. ¡Wow!

 

 

Los científicos también dicen que su aprobación “puede ser el comienzo de una nueva era de tratamientos contra el cáncer, enfermedades raras y vacunas universales”, tal como se señala en la columna de El País.

 

 

Te vamos a contar un poco sobre ella. Resulta que el ARN es una molécula que vive en todos nosotros. Es frágil, pequeña y de una vida extremadamente fugaz; este compuesto es tan curioso que ni siquiera los sabios saben de dónde salió. Lo que sí es un hecho es que la vacuna de la de Pfizer y Moderna utilizan una de sus variaciones, el ARN mensajero, y eso, hasta ahora, les ha otorgado más del 90% de efectividad.

 

 

 

 

El trabajo del ARN mensajero “es transmitir el mensaje de la vida contenido en el ADN y convertirlo en todas las proteínas que nos permiten respirar, pensar, movernos, vivir. Esta molécula es tan fundamental que se piensa que con ella pudo comenzar la vida en la Tierra hace más de 3.000 millones de años. Ahora es una de las favoritas para empezar a sacar a toda la población del planeta de la peor pandemia del siglo XXI”.

 

 

Lo que más fascina del ARN es que, según las demostraciones de los científicos, el ARN se puede copiar a sí mismo y evolucionar por sí solo. Por esta y más razones, junto a su hermano el ADN, el ARN entra en la categoría de “moléculas de la vida”.

 

 

Sorprendentemente, y comparándolo con el ADN, el ARN solo existe por un tiempo limitado de horas en lo que se mantiene cumpliendo su función. Esta situación es tan compleja que el ARN se desintegra con mucha facilidad, sobre todo por la acción de unas proteínas inmunes ubicuas (están tanto dentro de la célula como en nuestras manos, piel…) cuya única función es destruir cualquier ARN extraño. Por eso las vacunas de ARN necesitan temperaturas de hasta 80 bajo cero: no es fácil mantener estable esta molécula a temperatura ambiente durante mucho tiempo.

 

 

Así, las vacunas del tipo de Pfizer y Moderna tienen un mecanismo específico: inyectar en las células humanas fragmentos de instrucciones genéticas del ARN mensajero para que fabriquen proteínas o «antígenos» específicos de coronavirus. Estas proteínas serán entregadas al sistema inmunitario, que producirá entonces anticuerpos.

 

 

Aquí la cosa es que el ARN mensajero “obligará” a la célula la proteína de la espícula del virus que por sí sola es inofensiva, esta “espícula” es la que, en conjunto con todo su mensaje genético, es la encargada de infectar de SARS-CoV-2.

 

 

Cualquier vacuna es una simulación de una infección. Su objetivo es provocar una respuesta del sistema inmune ante un patógeno sin dejar que este cause enfermedad. Las vacunas de Moderna y BioNTech usan una técnica diferente a las convencionales, basadas en virus completos atenuados —sarampión—, desactivados —gripe— o en fragmentos de este. Las vacunas de ARN mensajero usan las células del cuerpo como biorreactores para que produzcan copias de la proteína S del coronavirus y que estas sean localizadas por el sistema inmune. ¡Chachán!

 

 

 

Vacuna contra el cáncer

 

 

El ARN es tan maravilloso que muchos científicos lo apuestan todo con él para, incluso, desarrollar una vacuna contra el cáncer.

 

 

El médico e inmunólogo Ugur Sahin, fundador de BioNTech, quien ahora trabaja en la vacuna de Moderna contra el COVID19, fue uno de los primeros en el mundo en estudiar en humanos una vacuna de ARN. Lo hizo en 2017 para intentar tratar el cáncer. La idea era desarrollar una vacuna específica para cada paciente como si su tumor fuese un virus.

 

 

La magia del ARN es que, como ya viste, pueden atacar el problema en específico y de manera eficaz. Si la del COVID19 demuestra su eficacia estaríamos entrando a la era de la medicina del futuro, pues el ARN sería empleado para tratar al cáncer, las infecciones virales y hasta las enfermedades raras que se presentan una vez en uno o varios millones.

 

 

Y lo que convence aún más a los científicos de todo el mundo es la velocidad con la que Moderna pudo tener un ARN mensajero estable y listo para actuar, pues les tomó solo 42 días cuando, en teoría, una vacuna de otro tipo puede tardar hasta 10 años en desarrollarse.  Esto hace que el ARN mensajero sea ideal para desarrollar una inmunización rápida contra futuros virus pandémicos de rápida expansión.

 

¿A poco no es maravilloso este amigo molecular?

 

 

 

Con información de El País y AFP.

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