Gustavo Peña
Una de las cintas más esperadas del año ha llegado a las salas de cine: desde su estreno en Cannes, la opinión y críticas se han dividido, aumentando las expectativas de miles de admiradores del rey del rock and roll que desean ver el nuevo largometraje biográfico del cantante.
Dirigida por Baz Luhrmaan y protagonizada por Austin Butler y Tom Hanks, nos contará la historia detrás del ascenso a la fama de Elvis Aron Presley en la década de 1950, así como la polémica relación con su mánager el Coronel Tom Parker y los sucesos que desencadenaron su trágico fallecimiento.

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Desde el inicio de la película la atmósfera te va envolviendo y generando la sensación de grandeza alrededor de Elvis, reflejando solo una parte del impacto cultural que tuvo tanto en el cine como en la música.
Narrada desde la perspectiva del Coronel Parker, la cinta nos lleva a través de un ritmo abrumante a conocer sobre las polémicas y movimientos de revolución que Elvis -a través de la música-, impulsó: rompiendo y retando las leyes de segregación racial que criticaban su forma de cantar y de bailar.

Y justo, en este sentido, es que viene el primer punto que a mí no termina por convencerme, y es que, a pesar de ser una narrativa que funciona y que interioriza la relación entre Elvis y Parker, sí llega un momento en el que se siente una película más de ficción que biográfica. Sin embargo, funciona la narrativa y es parte de lo que, a su vez, genera que el desenlace sea aún más abrumante.
La cinta abarca diversas aristas de la vida de Elvis, pero aún así termina por dejar superficialmente muchos aspectos que hubieran sido interesantes de ver con mayor desarrollo, y si bien, la intención de la película es centrarse en el crecimiento y descenso de una manera general, al final deja una sensación de vacío.
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Y es en este sentido que se presenta un bache en la narrativa, agarrando una fórmula en la que se presentan problemas y conflictos, pero sin hilarlos del todo, lo que hace que en un punto la película llegue a sentirse tediosa y pesada, particularmente al término del segundo acto.
Afortunadamente, es el tercer acto que vuelve a realzar el nivel emocional para cerrar de forma abrumante; asimismo, las interpretaciones tanto de Hanks como de Butler son impecables realmente, y es que, Austin nació para ser Elvis, representando al rey del rock and roll de una manera digna, y que a mi parecer, muy bien podría estar nominado al Óscar y esperaría que así fuera.

Finalmente, las interpretaciones musicales y el estilo de Elvis se sienten en la película, jugando con la nostalgia y la emoción que caracterizan los shows de Presley. Y es que, desde que inicia la película, en todo momento nos general esta sensación de grandeza de Elvis, representando el fenómeno que realmente fue y dejándonos ver el impacto de los medios de comunicación en la sociedad.
Mi calificación para Elvis es: 4.3/5



