Irán: represión, guerra y por qué importa la resistencia cultural

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAEMéx organizó el conversatorio «Irán. Resistir entre represiones y guerras» con una intención clara: rescatar un espacio universitario que estaba cayendo en desuso y llenarlo de algo que valiera la pena. Lo que llegó fueron momentos de reflexión sin guión rígido, con conversaciones incómodas sobre guerra, religión, identidad y resistencia cultural, además de un ponente que habla de Irán desde adentro.

¿Quién es Mohsen Emadi?

Poeta, traductor y cineasta iraní-mexicano. Nació en Irán en 1976, salió del país en 2009, vivió en Finlandia y desde 2012 reside en México, donde trabaja como profesor e investigador de poesía y literatura comparada. No habla de Irán desde los titulares, habla desde la experiencia de haber vivido ahí, de haberlo dejado y de seguir cargándolo.

Esa mezcla le da una perspectiva que difícilmente se encuentra en un aula: crítica con el régimen iraní, pero también crítica con el papel que juegan Israel y Estados Unidos en el conflicto.

Mohsen Amadi Fotografía: mohsenamadi.org

Numancia, o cómo abrir una conversación sobre Irán

Emadi abrió con una imagen que no necesita mucho contexto para golpear: Numancia. Una ciudad celtíbera en la actual Soria, España, que resistió durante veinte años los intentos romanos de someterla. Cuando finalmente el cerco fue infranqueable y el hambre insoportable, sus habitantes prefirieron incendiar la ciudad y suicidarse colectivamente antes que rendirse. Año 133 a.C., el general romano Escipión Emiliano entró a una ciudad en llamas y encontró sobrevivientes que, según los registros de la época, tenían en los ojos «una expresión de ira, pena, agotamiento y la conciencia de haber comido carne humana.» Roma ganó, pero Numancia se convirtió en símbolo.

Emadi no usó esa imagen por capricho. La usó para hablar de Irán: de lo que significa resistir cuando el poder que te aplasta no viene solo de afuera, sino también de adentro.

Imagen: El último Día de Numancia. Alejo Vera Estaca, 1881, Museo del Prado, Madrid

El islam no es un bloque: la distinción que el debate público suele ignorar

De ahí el conversatorio fue construyendo capas más complejas. Emadi habló de las 72 ramas del islam, dato que suele ignorarse en un debate público que tiende a tratar al islam como un bloque monolítico. Señaló que el fundamentalismo no es «la cultura islámica»: es una fracción que tomó el poder, y confundirlas es exactamente el error que beneficia a los regímenes autoritarios. La distinción parece obvia cuando se enuncia, pero cuesta trabajo sostenerla frente a un contexto mediático que constantemente las mezcla.

La misma lógica aplicó a la relación entre pueblo y gobierno. El régimen no construye la cultura, la gente sí. Son categorías distintas y tratarlas como sinónimos tiene consecuencias: le da al poder más autoridad de la que merece y le quita agencia a la sociedad civil que, en muchos casos, resiste en silencio.

La palabra paraíso viene del persa, y eso pesa más de lo que parece

Emadi mencionó que la palabra paraíso viene del persa. Específicamente del avéstico pairidaeza: un jardín amurallado, un recinto privado de los soberanos persas. Los persas concebían el paraíso como un gran jardín cercado, y fue esa imagen la que viajó al griego, luego al latín paradisus, y de ahí a todas las lenguas romances. Es decir: una de las palabras más cargadas del imaginario occidental y cristiano nació en la misma región que hoy aparece en los noticieros casi exclusivamente como escenario de guerra y represión.

Pierre Moullart-Sanson, ‘Carte du Paradis terrestre selon Moyse’, 1724

No era un dato de trivia, era un argumento: las civilizaciones que el mundo occidental mira hoy como «el problema» son las mismas que aportaron conceptos fundamentales al lenguaje, la filosofía y la cultura global. Cerrar esa apertura, asumir que el conocimiento solo viene de occidente, es también una forma de empobrecerse.

Las guerras solo benefician a los dictadores

Fotografía: La Vanguardia

Emadi dejó esta línea de pensamiento: las guerras solo benefician a los dictadores. Los pueblos, de todos los bandos, pagan el costo. Siempre.

No lo dijo como consigna. Lo dijo como conclusión de alguien que vivió en un país en el que esa frase no es retórica.

Por qué importan estos eventos

El conversatorio nació con la intención de que la facultad se sintiera como una comunidad viva y crítica, no como un espacio de conferencias magistrales donde nadie pregunta nada. Sin rigidez, con interacción directa, con un tema que está en los noticieros, pero que pocas veces se analiza con esta profundidad y desde esta perspectiva en una comunidad universitaria.

Fotografías: Ariadna Barrón

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