La Candelaria, tradición de lo religioso a lo sabroso

Por: Patricia Ramírez

Petra González lleva 26 años preparando los tradicionales tamales de ollita en este municipio. En su cocina siempre están listos el metate y las salsas de chile verde, pipian y jitomate que vierte en este platillo

La tradición de consumir tamales en México los días 2 de febrero, día de la Candelaria, se emparenta con una actividad gastronómica que se realiza durante todo el año. En el Estado de México, Ocoyoacac es uno de los lugares en el que se prepara este platillo; específicamente, es Tepezoyuca la cuna del denominado tamal de ollita: un platillo hecho con masa de maíz que dentro guarda carne de cerdo y caldillo que puede ser de tomate, jitomate, pipián u otros ingredientes.

De la comunidad de Tepezoyuca es Petra González Rivera, una mujer mayor que ha dedicado una parte importante de su vida a este trabajo: 26 años. Ella, luego de enviudar comenzó esta actividad comercial que –dice– le permitió salir adelante con sus hijos y brindar a algunos de ellos la posibilidad de estudiar.

Petra tiene en su casa, en Tepezoyuca, una recién estrenada cocina en la que prepara los tamales; nos recibe con algunos que ya se cocinan en la olla. Para mostrarnos cómo se hacen tiene la masa lista en el metate; a su lado están ya preparadas las tres salsas que utiliza: chile verde, pipian y jitomate; conforme conversamos nos enteramos que la olla de barro ya casi no la utiliza: “ya no se hacen”, dice, ahora ocupa una vaporera.

 
Petra González prepara tamales de ollita desde hace 26 años en Tepezoyuca, Ocoyoaca / Foto: Jesús Mejía
 

La forma en que se hacen los tamales ha cambiado pero eso no ha afectado el sabor que les gusta a sus clientes, quienes, aunque no sea dos de febrero la buscan y le hacen pedidos. “Me ha ido bien”, dice ella; “no me quejo”, aunque cada vez sale menos, son sus hijos quienes venden.

Mientras en sus manos pequeñas manipula una porción de masa hasta hacer una especie de cuenco cilíndrico, ella cuenta que los tamales que prepara los venden sus hijos los sábados y domingos en su casa, que también vende en Chirinos, un lugar cerca de Los Encinos —un residencial en Lerma— y que le llegan pedidos de tamales para empresas, fiestas o reuniones.

En Ocoyoacac se realiza desde hace una decena de años la Feria del Tamal, en la que las productoras pueden expender sus productos y, a la vez, activar otros negocios. Esta feria ha crecido de manera considerable y —según información que nos brinda Pepe Neri, gestor cultural del municipio— quienes participan pueden llegar a vender hasta 2 mil tamales. Este año, el Ayuntamiento argumentó que por las condiciones sanitarias no se realizaría la feria, así que muchos de los productores no podrán utilizar ese punto de venta.

Petra González quien pertenece a una de las 150 familias que, estima Pepe Neri, se dedican a la elaboración de tamales, considera que no dejará de hacerlo porque, seguramente, si lo hace, se enfermerá; aunque acepta que con la pandemia ha disminuido sus salidas a vender, sus hijos siguen vendiendo.

Este tipo de actividades que se realizan en los municipios se consolidan con el esfuerzo de los productores, quienes —entre la tradición y la actividad económica— conforman su modo de vida.

   

Las acciones externas que realizan las autoridades, los promotores culturales pueden ayudar a consolidar la actividad para lo cual, explica José Neri, se requiere tener cercanía con la comunidad y hacer un trabajo de investigación o catálogo para dar a conocer lo que se realiza. Asimismo, dice, se requiere brindar espacios seguros y rescatar algunos otros para la venta.

Aunque se consumen en distintos momentos de año, en el día de la Candelaria se venden más tamales, dice Pepe Neri; en esa fecha —que coincide con la organización de la Feria del Tamal— todos los integrantes de las familias se involucran para cumplir con la demanda, por esta razón es importante que actividades culturales, como la feria, se sigan realizando.


Petra González recibe pedidos en su casa ubicada en la avenida Cuauhtémoc núm. 20, en Tepezoyuca, Ocoyoacac y también vía telefónica al 72 22 47 85 98 y al 72 81 13 97 68. Dice que a la gente le gustan los tamales que prepara y a los que les pone, además de todos los ingredientes, el amor que requieren.

   

¿Por qué se celebra el día de la Candelaria?

Según la tradición cristiana, el 2 de febrero se cumplen cuarenta días del nacimiento de Jesús, los mismos que la virgen debía guardar reposo; por ello este día se considera el de la purificación de la virgen. También es la fecha en que terminan las celebraciones relacionadas con la Navidad y el niño se levanta del pesebre para ser presentado a la iglesia.

En México se unen la tradición cristiana y la cultura prehispánica para la celebración del 2 de febrero. En el artículo “Expresiones rituales de la fiesta. La celebración de La Candelaria”, de José Iñigo Aguilar Medina, se menciona que en esta fiesta confluyen diversos acontecimientos:

El primer suceso se refiere al rito de Purificación de la madre de Jesús. La ley de Moisés mandaba que toda mujer que diera a luz un varón, en el plazo de 40 días, debía acudir al templo para purificarse de la mancha legal, y al mismo tiempo se da el segundo motivo, que consiste en la Presentación del niño Jesús en el templo, ya que en la tradición del pueblo judío, cada familia debía ofrecer su primogénito a Dios.”

En tanto a la cultura prehispánica, en la revista México Desconocido, cuya fuente es el antropólogo Arturo Cardoso, se menciona que “el día en el que la virgen fue purificada y dio gracias en la iglesia, los mexicas celebraban el principio del Atlcahualo, [esto es] inicio de temporada de siembras. En esta fiesta se llevaba a bendecir el maíz que luego se sembraría como tributo a los dioses Tláloc y Chachitlicuetl con el fin de obtener buenas cosechas”.

 

Vestimenta del niño Dios

Es probable que la costumbre de vestir a las figuras provenga de la época del virreinato, “a partir de una tradición que las monjas tenían en la época virreinal –estas monjas vestían a los niños Dios para presentarlos en la Iglesia, justo como hizo en su momento la Virgen–”, señala la revista de México Desconocido citando a Katia Perdigón, autora del libro “Mi niño Dios”.

Como muchas tradiciones, la del 2 de febrero se ha convertido en una actividad productiva que brinda ingresos a un gran número de personas. En este caso, las personas se dedican a vestir y restaurar niños Dios en los mercados, afuera de las iglesias o en lugares específicos para ello. Los comerciantes ofrecen pequeños atuendos que servirán para vestir a la figura que representa al niño Dios y presentarlo en la iglesia.

Las personas que se dedican a ello adaptan, según los acontecimientos, la ropa que venderán; este año, según una mujer que se dedica a la venta, uno de los más vendidos es el niño doctor.

Desde 200 a mil pesos es el gasto que las familias hacen. Todo depende del tamaño, la tela y la complejidad del vestido. Hoy, en los puestos se puede mirar al niño vestido con trajes Tyvek simulados y caretas: el niño covid, le dicen.

Las tradiciones también varían en cada lugar o familia; pero en este día confluyen varias actividades que detonan actividad económica y que empiezan a resurgir después de 2 años de pandemia.