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Nostalgia: Lo positivo de añorar otras épocas

Texto: Tomás Fuentes Estrada

¡Caray!, ¿por qué hablar de la nostalgia en un mes lleno de alegría y dedicado a la infancia?
Bueno, precisamente por eso que sientes cuando ves a tu hijo o sobrino correr por la acera tras un cachorro, por ese recuerdo que viene a tu mente, por ese
verte haciendo lo mismo, pero en la casa de la abuela y no tras un perro, sino tras ese hermoso gato persa de ojos azules y panza blanca por el que lloraste días y días cuando supiste que tu abuela lo había enviado al cielo para acompañar a tu abuelo. Eso que recordaste al leer estas líneas, eso que sientes ahora, se llama nostalgia.

 

Y es que de seguro has escuchado la frase “¡Todo tiempo pasado fue mejor!”, y te ha parecido una banalidad de gente mayor, pero es más real de lo que puedes imaginar, pues la añoranza por lo acontecido en nuestras vidas es un elemento que nos mantiene estables, emocionalmente hablando.

 

 

Bueno, tal vez no hayas escuchado la frase escrita arriba, pero de seguro te has dado cuenta de que está de moda escuchar a los grupos musicales que eran un hit cuando éramos niños o jóvenes, es más, no puedes negar que has sentido cierta pasión por algún objeto retro. Lo ves, eso que sientes al escuchar esas rolas o al recordar los casetes de videojuegos que usabas para entretenerte por horas en un mundo donde no existían los “niños rata”, eso que te parece novedoso, algo del ahora, no lo es. Nuestros padres y abuelos también lo han sentido, y es que lo que para ti es pasado fue el presente de tus padres, y lo que será tu futuro será el presente de tus hijos; ya lo decía san Agustín, el pasado ya fue, el futuro aún no es y el presente es tan incierto que cuando tomo conciencia de él ya es pasado. Suena enredado, ¿no?, pero la realidad es que detrás de la noción temporal está la nostalgia, esa emoción que por siglos ha inquietado al hombre.

Pero, ¿y el tiempo que tiene que ver con la nostalgia? Más de lo pensado, pues debido a que nuestras generaciones enfrentaron cambios tecnológicos determinantes en la historia del ser humano, estos han alterado la forma
en la que percibimos el tiempo y, por ello, ahora con tan sólo treinta años ya nos sentimos con la autoridad para contar “batallitas” como si fuésemos abuelos. En otras palabras, cada vez a más corta edad sentimos nostalgia por un pasado demasiado reciente, lo cual no es necesariamente negativo.

 

En sentido literal, la nostalgia, palabra que proviene de los términos griegos nostos –’regreso’, ‘volver a casa’– y algos –’dolor’–, es el sufrimiento causado por el deseo incumplido de retornar al hogar. Sin embargo, esta definición etimológica no captura todo lo que semánticamente el grueso de la población liga con este sentimiento.

Aunque esta emoción es igual de antigua que el ser humano, pues es el motor de obras tan clásicas como la Odisea, historia donde se narran los 10 años de viajes y peripecias que debe enfrentar Odiseo ante la nostalgia de volver a estar con su familia, su percepción a lo largo de la historia ha cambiado.

 

 

No obstante, durante los siglos XVII y XVIII y XIX la nostalgia fue considerada como una enfermedad asociada a causas demoniacas o cerebrales conforme avanzaba el tiempo. Por ejemplo, en 1800 fue considera como un padecimiento de “los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar” (BBC, 2014). Fue Darwin quien ofreció de nuevo una perspectiva más positiva respecto a esta emoción al referirse a ella como el conjunto de sensaciones placenteras, de cariño, alegría y simpatía hacía los tiempos pasados, aunque si la emoción era muy fuerte podría desatar un cuadro negativo. Sin embargo, ya en pleno siglo XX su concepción no mejoraba, ya que se consideró una variante de la depresión.

Hoy en día, sabemos que aunque también lo hace con el futuro, pues es una fuerza motivacional que nos permite tomar acción de manera proactiva, de acuerdo con ciertos experimentos, en particular los realizados por el psicólogo Constantine Sedikides, ya que desata la motivación de aproximación, es decir, provoca que deseemos alcanzar metas u opciones que nos atraen.

 

 

En otras palabras, la nostalgia nos llevaría a actuar por nuestros sueños e ilusiones: “por lo tanto, la nostalgia difiere mucho de la debilidad o la indulgencia. Los investigadores la llaman un “recurso para dar significado”, una parte vital de la salud mental” (Stafford, 2014). Además, la nostalgia alienta el optimismo, ya que nos hace sentir conectados con nuestros familiares, lo cual mejora nuestra autoestima, aumenta nuestra creatividad, nos hace más abiertos y nos inspira. También, nos vuelve más sociales, confiamos más en personas fuera de nuestro grupo, y nos ayuda a ser más solidarios.

 

 

En resumen, las pruebas han demostrado que la nostalgia no merece para nada ser asociada como una emoción negativa, gris o melancólica, por el contrario, es un sentimiento que nos lleva a ser más optimistas, a perseguir nuestras metas y ser más creativos: “La nostalgia actúa como un almacén de emociones positivas en la memoria, al cual podemos acceder conscientemente, y tal vez también recurramos continuamente durante nuestras vidas para reforzar nuestras emociones” (Stafford, 2014).

Es más, recordar, que es a lo que potencialmente nos lleva la nostalgia, está asociado fuertemente con la imaginación, acto a través del cual nuestro cerebro demuestra que su poder para modificar pensamientos −y obviamente recuerdos− es enorme, y lo hace para darnos un bienestar psicológico. La misma historia que cuentas cada vez a los diferentes amigos que tienes a lo largo de la vida, al final tu existencia terminará siendo algo totalmente distinto a lo que realmente ocurrió. Ya lo decía García Márquez, la vida no es la que vivimos sino la que podemos recordar, y es ahí donde debemos agradecer que la nostalgia por el tiempo pasado sea el detonante de cosas tan positivas para nuestra vida y nuestra mente.

 

 

En resumen, a pesar de que la nostalgia es algo meramente emocional que nos lleva a revivir experiencias y grupos de sensaciones ligadas a ciertas personas, objetos, materiales, olores o sabores, cuando se hace presente algún elemento asociado a ese recuerdo, por ejemplo, escuchar una canción, ver una fotografía, leer una carta o probar un papa a la francesa con sabor idéntico a las que nos preparaba el amor de nuestra vida, no te preocupes al experimentarlo: seguramente te está haciendo crecer como persona.

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