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¡Ámonos por el arbolito! Navidad al estilo Amecameca

Pensar en el mes de diciembre es ponernos en mood Navidad en cuanto el calendario marca el primer día del mes que cierra el año. Nochebuenas, decoraciones de Santa Claus, coronas con velas, el Nacimiento… sí, todo eso adorna nuestros hogares y nos recuerda que hay momentos bellos en medio de tanto caos, pero, ¿qué es la Navidad sin el protagonista verdoso que decoramos con tanta euforia?

 

 

Como no podíamos quedarnos sin tener el arbolito más hermoso de todos decidimos que lo mejor sería lanzarnos a buscarlo por nuestra propia cuenta, así que nos fuimos directito al Bosque de los Árboles de Navidad en Amecameca, una parada obligatoria para todos los amantes de esta época.

 

 

 

La aventura comienza desde que sales de Toluca, pues Amecameca no queda nada y te toca viajar cerca de dos horas y media, poquito menos si no hay tráfico. No te preocupes, cada minuto de tu trayecto vale la pena porque al llegar allá te vas a topar con el paisaje más hermoso que te puedas imaginar, ¡tu destino está pegadito al Iztaccíhuatl y al Popocatépetl!

 

 

 

Dar con el Bosque es sencillo, una vez que hayas atravesado la caseta Cuautla-Chalco comenzarás a ver indicaciones por todos lados, asegúrate de solo hacerle caso a todo lo que diga “Bosque de los Árboles de Navidad”.  Si nosotros no nos perdimos, tú tampoco lo harás.

 

 

 

 

 

Este destino verde es un espacio que te deja atónito, son tantos los arbolitos que te rodean que no puedes creer que un lugar así exista, pero una vez que lo ves con tus propios ojos entiendes por qué lo llaman la reserva de pinos más grande del mundo.

 

 

“Aquí tenemos cerca de medio millón de árboles de todos los tamaños”, nos dice Jorge Aguilar, nuestro guía, mientras comenzamos a adentrarnos entre los pinos que muchas familias ya están chuleando. “Nosotros como reserva producimos oxígeno para 49millones de personas, somos un pulmón para la ciudad”. ¿A poco no es algo hermoso?

 

 

Jorge lleva trabajando doce años en el este lugar y nos transmite su emoción y sabiduría. Gracias a lo que nos cuenta nos enteramos que cada arbolito que vemos a nuestro alrededor se produce desde la semilla, unos botoncitos tan pequeños como un grano de arroz. También nos comenta que para poder cortar alguno de ellos deben pasar de 8 a 10 años, solo entonces estará listo para que lo llevemos a casa.

 

 

El tamaño de los pinos varía mucho, en la primera sección del Bosque puedes encontrar algunos de 1.5 o 2 metros y cachito, pero si lo que quieres es uno enorme para que se imponga en medio de tu sala te recomendamos que te des una vuelta por la segunda sección, aunque te tomará otros 23 minutos llegar, allá vas encontrar pinos de 3 metros de alto o más.

 

 

Lo más sorprendente de toda esta mágica experiencia es descubrir que no estamos talando ningún arbolito, por el contrario, estamos contribuyendo a la reforestación. Seguramente el “¿qué, ¿cómo es eso si vas a cortar un árbol?” te pase por la mente, nosotros también nos preguntamos lo mismo, y entonces ahí es cuando Jorge nos revela unos de los secretos más importantes de esta reserva: no importa el arbolito que cortes, en el tronco comenzarán a florecer los retoños de las nuevas generaciones y después de algunos años volveremos a ver otro igual de verdoso que el que llevamos a casa.

 

 

 

Así que cuando estés allá, no olvides revisar el tronco del árbol que hayas elegido, mientras más cortes veas, más años serán los que han pasado desde que comenzó a renacer una y otra vez. Esto aplica para las dos variedades que tienen aquí, el Pino Vikingo y Douglas Canadiense.

 

 

 

La visita al Bosque de los Árboles de Navidad es extraordinaria porque además darte un respiro del ajetreo de la ciudad vas a conectar con la naturaleza y liberar mucho estrés. Si vienes en familia tienes el chancecito de armar un buen picinic, jugar al frisbee, volar un papalote y hasta traer a los canes a que se paseen contigo.

 

 

Eso sí, no olvides abrigarte bien. Nosotros nos fuimos con chamarra y hasta gorro (claro que el clásico de Santa Claus es una opción) porque el frío aquí no es broma, al contrario, hasta neblina hay y no falta la ventisca que te haga temblar un poquito. ¡Ey! Es parte de la aventura.

 

 

 

 

Si quieres agregarle un poquito más de experiencia a esta visita, tu compra del árbol te da acceso directo a la Hacienda Panoaya donde creció Sor Juana.

 

 

Así que ya lo sabes, date un chance y ¡ámonos por el árbolito de Navidad a Amecameca!

 

 

 

 

Precio de los árboles: 795 sin importar el tamaño

Lunes a domingo de 8 a 17:30 h

Entrada libre

Km. 53.5 Carretera Chalco-Cuautla, Amecameca De Juárez.

 

 

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