A los 13 años, Mateo Castañeda Caffaratti, pianista y trompetista de Toluca, ya ha tocado en Viena y compartido escenario con la Orquesta Filarmónica de Toluca. Su historia musical comenzó en casa, con su papá cantándole acompañado de una guitarra y con juguetes que le despertaban las ganas de hacer sus propios sonidos.
Uno de sus primeros recuerdos es la llegada de un acordeón de juguete que le regaló su papá. Todavía recuerda la emoción de recibir el paquete. De hecho, cuenta que casi todos sus juguetes eran instrumentos y que, desde pequeño, sus padres lo acercaron a la música.
El deseo de convertirse en músico fue creciendo poco a poco, y desde los seis años comenzó a estudiar formalmente piano y trompeta. Hoy, ambos instrumentos lo acompañan en un camino donde, día a día, se supera como joven promesa.


Fotografías: Ariadna Barrón y Gabriel Zepeda
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Dos instrumentos, el mismo cariño

Aunque empezó a estudiar los dos a la misma edad, el piano ya era un viejo conocido. Su papá le había regalado uno pequeño cuando era bebé, así que las teclas estuvieron entre sus primeros acercamientos a la música. La trompeta llegó un poco después, pero al comenzar las clases formales ambos instrumentos avanzaron a la par.
Por eso, cuando le preguntamos cuál elegiría para tocar por diversión, Mateo no encuentra una razón para quedarse con uno.
“Para mí los dos son un solo instrumento, o sea, mi instrumento principal.”
Los ha aprendido juntos y les tiene el mismo cariño. Cada uno, además, le permite explorar sonidos y estilos diferentes. Para él, la trompeta le permite indagar en géneros como la música clásica y de mariachi, mientras que el piano le da la posibilidad de pasar desde una obra clásica al rock.
Mateo disfruta descubrir qué puede hacer con cada instrumento. Entre sus intereses también aparecen la salsa, el merengue y el rock latino, géneros que escucha por gusto y que le gustaría llevar a futuras colaboraciones.
De “Recuérdame” a Viena
Cuando recuerda los escenarios que lo han ayudado a crecer, Mateo empieza por su escuela. A los cinco años cantó “Recuérdame”, de la película Coco, una experiencia que recuerda al hablar de sus primeras participaciones frente al público.

Después llegaron los concursos, entre ellos uno en Durango y su participación en Viena. Al repasar ese recorrido, reconoce que en todas las presentaciones que ha participado ha encontrado algo, tanto en lo musical como en lo personal, que le ha permitido crecer como músico.
“Cada una de esas experiencias […] me han nutrido mucho.”
En esas vivencias encuentra una oportunidad para escuchar observaciones sobre su trabajo. Cuenta que, en algunos, le señalan aquello en lo que se equivocó o lo que le faltó a su interpretación. Esa información le ayuda a identificar qué necesita practicar y a regresar a sus instrumentos con algo concreto por mejorar.
Para Mateo, aprender también pasa por dejar que otras personas escuchen lo que hace y le compartan una perspectiva distinta. Cada escenario se suma a su formación, incluso cuando el resultado incluye cosas pendientes por trabajar.
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Lo que se aprende de los retos
Hay días en los que una obra no sale como espera. Mateo cuenta que su papá ha observado algo que le sucede desde pequeño: puede pasar una sesión de ensayo sin resolver un pasaje y, al día siguiente, volver al instrumento “como con otro chip”.
Le ocurre tanto con el piano como con la trompeta que después de descansar, a veces consigue tocar aquello que antes se le resistía. De hecho, reconoce estas experiencias como parte de su aprendizaje, junto con la práctica constante.
Uno de los retos que recuerda fue la preparación para el concurso de Viena. Su maestro le asignó obras de un nivel más alto, que entonces tuvo que aprender por primera vez. Hoy puede tocarlas, pero llegar a ese punto implicó enfrentarse a dificultades nuevas.
“Siempre hay que seguir tratando de subir un escalón más.”
Así entiende su avance: intentar algo que todavía no domina, trabajarlo y seguir. Cuando le preguntamos qué hace para resolver esos momentos, vuelve a dos palabras que aparecen varias veces durante la entrevista: disciplina y constancia.


Fotografías: Participación en Viena | Mateo con sus maestros: Lorenzo Fernández (piano) y Ramón Meza (trompeta), respectivamente. Cortesía familia Castañeda Caffarati
Antes de tocar, hay que darse ánimos
Antes de subir al escenario, el joven músico procura concentrarse y hablarse con confianza. Tiene una pequeña rutina para prepararse mentalmente, en la que se recuerda que puede mostrar lo que ha aprendido.
Uno de sus maestros le compartió una imagen que cuenta con humor: aplicarse una gotita de “presunción” antes de tocar. El consejo le permite salir con la seguridad necesaria para expresar la música y mostrar cómo se desenvuelve con el instrumento. Ya después de la presentación puede relajarse y seguir siendo el mismo Mateo de siempre.
Su ritual consiste en decirse a sí mismo palabras que le levanten el ánimo y lo mentalicen para dar un buena presentación:
“Venga, vamos a enseñarles cómo se toca.”
A pesar de los logros y reconocimientos, tiene claro que su formación continúa y que la confianza convive con reconocer lo que todavía necesita aprender.
“Yo estoy aprendiendo y pues me falta muchísimo.”


Fotografías: Ariadna Barrón y Gabriel Zepeda
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Juan Gabriel, merengue y mucho sabor latino
Fuera de las obras que estudia, Mateo escucha música popular y disfruta tocarla por su cuenta. Bruce Springsteen estuvo entre sus primeras inspiraciones, desde que era pequeño, y Elton John es otro de los artistas que le encantan.
Cuando se sienta a tocar por diversión, a veces intenta sacar una canción de Elton John o improvisa con alguna de Juan Gabriel. El Divo de Juárez ocupa un lugar especial en su día a día: nunca puede faltar una de sus canciones.
También le gustan la salsa y el merengue, de hecho, entre los artistas que menciona que le gustan está Elvis Crespo, una elección que cree que podría sorprender a sus amigos o a quienes lo conocen principalmente por la música clásica. De sus canciones disfruta los ritmos y, especialmente, las versiones en vivo.
Hasta tiene diferencias musicales con su papá, a quien no le gusta tanto el merengue como a él.
Aunque el reguetón no es uno de sus géneros favoritos, hay una canción que sí admite como su gusto culposo: “Baile inolvidable” de Bad Bunny. A su corta edad Mateo ya es muy sabio, pues reconoce que cuando no se puede con el enemigo, hay que unirse.
La forma en que explica su variado gusto musical resume perfecto lo que significa ser músico en América:
“Yo soy latino, entonces tengo el sabor adentro”.
Un concierto con la música de su artista favorito
Su cariño por Juan Gabriel hizo especialmente emocionante la invitación para tocar con la Orquesta Filarmónica de Toluca el domingo 27 de septiembre, pues el concierto fue dedicado a la música de uno de las figuras más queridas de México y artista favorito: el mismísimo Divo de Juárez. El mismo Mateo describe la experiencia como un todo un sueño cumplido.
“Me llena de mucha emoción, porque como Juan Gabriel es mi artista favorito, […] es un sueño cumplido para mí tocar así un concierto.”
También agradeció al director Gerardo Urbán por la invitación y por la oportunidad.


Fotografías: Mateo Castañeda y Gerardo Urbán y Fernández, paso del tiempo. Cortesía familia Castañeda Caffarati y Gabriel Zepeda / Escaparate
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Salsa, jazz y las colaboraciones que le gustaría intentar

Cuando piensa en lo que quiere explorar después, Mateo menciona el jazz y el jazz latino. Le interesa probar esos ritmos y encontrar nuevas posibilidades para su música.
También le gustaría colaborar con una agrupación de música popular. Entre sus referencias está Alberto Barros, el trombonista al que menciona al hablar de su gusto por la salsa. Pero no solo los ritmos latinos le entusiasman, pues compartir escenario con una banda de rock es otra posibilidad que le gustaría intentar.
Aunque la salsa y el merengue están entre sus preferencias principales, se muestra abierto a distintos géneros. Esa curiosidad conecta con lo que escucha en casa, lo que toca por diversión y lo que imagina para sus próximas experiencias como músico.
Encontrar lo que te gusta y seguir aprendiendo
A quienes quieren comenzar en la música, Mateo les recomienda encontrar un instrumento que disfruten de verdad. Uno que, al tocarlo, les haga pensar: “Este sí me gusta”.
Cuando habla de los padres, explica que acercar a sus hijos poco a poco, darles la oportunidad de probar y evitar que la elección sea una obligación son de los puntos más importantes para formar músicos. Entiende que en algunas familias existen profesiones que pasan de una generación a otra, pero considera que cada niño debe descubrir qué quiere hacer.
“Lo principal es que lo disfruten”
En su propia historia, ese gusto comenzó con su papá, una guitarra y pequeños instrumentos de juguete. Después llegaron las clases, las obras difíciles, los concursos y nuevos escenarios.
A los 13 años, Mateo todavía tiene géneros por explorar y músicos con quienes le gustaría colaborar. Mientras descubre hacia dónde lo llevarán esas inquietudes, sigue practicando con los dos instrumentos que se resiste a separar: su piano y su trompeta.



Fotografías: Ariadna Barrón y Gabriel Zepeda
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