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Pivi Romero. De los Olímpicos a uno de los mejores boxeadores del mundo

Originario de Villa del Carbón y considerado el mejor boxeador amateur mexicano de todos los tiempos, Juan Pablo “Pivi” Romero es una estrella deportiva de ligas internacionales que mantiene en la mira su más grande sueño: ser campeón mundial.

 

 

Platicar con Pivi es como hacerlo con un viejo amigo de la infancia. Basta una broma o un mal chiste para ponernos a reír, pero en cuanto le preguntas sobre su trayectoria en el boxeo el ambiente retoma su seriedad y puedes ver en su semblante el orgullo que le da compartir sus logros contigo, eso sí, siempre de la manera más humilde posible.

 

 

Abrazando sus orígenes

 

 

 

 

Para Juan Pablo hablar de box es hablar de su familia y sus raíces villacarbonenses, pues fue precisamente en ese pueblito al norte del Estado de México donde comenzó el sueño de convertirse en un atleta de talla mundial. 

 

 

“Mi pueblo natal juega un papel muy importante en mi carrera de boxeador. Ahí crecí. Ahí es donde están mis raíces, es donde está mi cultura. Ahí estoy entrenando y me siento muy orgulloso de representar a todos los villacarbones”.

 

 

Hoy en día Pivi Romero ya se ha convertido en un ídolo local para todos aquellos que persiguen sueños similares y es un claro ejemplo de lo que la perseverancia, el sacrificio y el hambre de triunfo pueden lograr en un ser humano. 

 

 

 

Escalar hasta los Olímpicos de Río

 

 

 

¿Cuántas veces no nos hemos fascinado al ver una competencia olímpica en televisión? Este momento fue precisamente lo que despertó la chispa en Juan Pablo y lo que en definitiva lo encaminó hasta donde se encuentra ahora.

 

 

“Mi sueño como boxeador comenzó cuando estaba en la primaria y miré unos Juegos Olímpicos. Fue ahí cuando me visualicé y supe que quería estar en ellos, no solo verlos de lejos. Y entonces comencé a practicar para lograrlo algún día”.

 

 

El trayecto hacia ese sueño comenzó en 2002, cuando con apenas 12 años Pivi ingresó a las ligas amateur para probar el sabor de lo que años después se convertiría en su forma de vida. 

 

 

El proceso fue arduo, pero sus diez campeonatos nacionales amateur y su paso por los Panamericanos y Centroamericanos le dieron el ticket dorado hacia las Olimpiadas de Río, uno de los momentos más memorables de toda su vida y el cual incluso lleva tatuado en la piel.

 

 

Aunque la medalla no llegó a sus manos, Pivi no se arrepiente de nada, cumplió su sueño.

 

 

 

Ancla familiar

 

 

 

Como el segundo de cuatro hermanos, este campeón tiene más que claro que su familia es su principal amuleto dentro y fuera del ring. Y cómo no, si desde muy joven su padre le compartió esa pasión por el boxeo y ahora es él mismo quien se encarga de entrenar a este campeón mexicano.

 

 

“Mi papá es mi ídolo y modelo a seguir. Es una persona increíble a quien admiro por todos los valores que posee y que nos inculca. Él me ha enseñado todo lo que sé hasta ahora”.

 

 

La unión entre Juan Pablo y sus hermanas y hermano es evidente. Con todos comparte la pasión de estar sobre el ring y no habrá entrenamiento, competencia o momento de triunfo en el que este mexiquense chingón no se encuentre rodeado de su familia a la que tanto orgullo ya le ha brindado.

 

Apoyar un sueño

 

 

Pivi no podía despedirse de nosotros sin antes compartirnos una de las enseñanzas más importantes que le han dejado los años dentro del ring: es necesario que los padres crean y apoyen el sueño de los atletas. El deporte, como Juan Pablo lo dice, es uno de los ámbitos más difíciles en México y si tu familia no te ayuda a perseguir ese ese sueño, nadie más lo hará. 

 

 

 

La pasión y disciplina son importantes, sí, pero siempre se necesitará de un soporte que esté contigo en los mejores y peores momentos de ese camino que has elegido. Eso, claro, lo sabe por experiencia propia.

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