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«Porque soy mexicano»: la guía básica de identidad tricolor

El mexicano puede doblarse, humillarse, ‘agacharse’ pero no ‘rajarse’”.

Octavio Paz

 

 

Después de haber ganado el premio a Mejor Director en los Golden Globe, una reportera le preguntó a Guillermo del Toro: “«Usted tiene la habilidad de ver el lado oscuro de la naturaleza humana, la fantasía y el terror… pero también es una persona alegre y amorosa, ¿cómo encuentra ese balance?», su respuesta fue épica “Porque soy mexicano”.

 

 

La justificación del director fue la siguiente: “Nadie ama la vida más que nosotros (los mexicanos) porque estamos conscientes de la muerte. Apreciamos la vida porque vivimos con la muerte. Todos en este planeta abordamos un tren cuyo destino final es la muerte, así que vamos a vivir, disfrutar, amar y ser libres. Creo que cuando eliminas una de las dos partes de la ecuación, se convierte en un panfleto. Cuando tomas en cuenta la oscuridad para prender la luz, eso es la realidad».

 

 

Es probable que muchos de los que estuvieran en esa conferencia de prensa no entendieran las palabras del cineasta mexicano, pero nosotros, sus compatriotas, seguramente conectamos de inmediato con su discurso y eso se debe a nuestra identidad como habitantes del mismo país que, pese a muchas condiciones, está definida por ciertos rasgos comunes.

 

 

Pero, ¿qué es la identidad? Nuestra identidad está asociada a la cultura y al entorno en el que nos desenvolvemos. Involucra que “ser yo” ya está cargado de nuestras creencias religiosas, de nuestro color de piel, nuestra profesión, etc., pero también va ligada a un sentido de pertenencia a distintos grupos socioculturales con los que consideramos que compartimos características en común y, sobre todo, a las relaciones dialécticas que establecemos con los demás.

 

 

Además, Alejandro Macías concluye que «la identidad de una persona se forma principalmente de la cultura que recibe de su entorno inmediato donde convive y cumple determinados roles».

 

 

Entonces, ser mexicano está determinado por los valores y emociones con los que hemos crecido, con los que se nos ha educado y, sobre todo, con los que vamos aprendiendo de acuerdo al contexto social en el que nos desarrollamos.

 

 

En México la fuerza de unión entre los compatriotas es tanta que no nos da pena pedirle a un extraño que nos preste unos pesos para completarnos el boleto del metro, el pasaje o hasta “el chesco”. Ese extraño volteará y, en la mayoría de los casos, te dirá cuánto necesitas tendiéndote las monedas con una sonrisa en los labios, porque sabe que tú harías lo mismo por él.

 

 

Tampoco nos da miedo hacernos amigos de alguien a quien acabamos de conocer porque, para nosotros, el cuate de nuestro cuate también es cuate nuestro. Después de todo, expresamos la clásica “mi casa es tu casa” cuando entramos en confianza.

 

 

El mexicano, desde sus raíces, se burla de la muerte, pero no deja de temerle. Basta con pensar en la fiesta de Día de Muertos. ¿En qué otro país se retrata a “la huesuda” tan colorida? ¿Quién si no nosotros para celebrar a los que sean ido invitándolos a volver una vez al año con pan, cempasúchiles y papel picado?

 

 

 

 

Y no se diga de la familia, uno de los valores más importantes que se nos inculta desde que estamos en pañales. Muchos de nosotros somos de familias grandes que se reúnen en Navidad, en Año Nuevo, el 15 de septiembre, el Día de la Madre, el Día del Padre o cada ocho días nomás por el simple gusto de estar juntos.

 

 

La lengua también define al mexicano. Nos hablamos con diminutivos para todo y eso, sorpresivamente, viene de la época prehispánica cuando la lengua náhuatl se usaba en toda Tenochtitlán. “Mijito”, “comadrita”, “chamaquito”, “abuelita”, “madrinita”. Referirnos a los otros de esta manera demuestra que somos un pueblo lleno de apego y cariño. Por eso apapachamos todo el tiempo hasta con el lenguaje.

 

 

Y aunque desafortunadamente vivimos en un país lleno de inseguridad y crisis de todo tipo, el mexicano nunca dejará de ser chingón. De acuerdo con el artículo “Análisis de los valores que construyen la identidad del mexicano” publicado en la Revista Culturales de Mexicalli, los mexicanos se definen a sí mismos como gente “trabajadora”, “honrada”, “sincera” y “entrona”.  Cada uno de esos valores define lo que culturalmente somos ya sea colectiva o individualmente. Así, a pesar de cualquier desafío, el mexicano encontrará ese balance del que habló Del Toro en su entrevista.

 

 

 

 

Entonces, al hacer un recuento de los puntos que construyen nuestra identidad, también debemos recordar que ser mexicano también conlleva responsabilidades claras con el país, porque México es de todos. Más allá del mes patrio que celebramos, debemos ser conscientes de que ya no es una opción decir “aquí nos tocó vivir” y seguir el conformismo que esa frase persigue, por el contrario, hagamos que cada uno de esos valores que nos representa se vea reflejado en nuestras acciones y así, como lo hizo Del Toro, podamos decir con orgullo “porque soy mexicano”.

 

Fuentes consultadas:

Pérez Pérez, J. (2012). Psicología del Mexicano.

http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-11912012000200001

 

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