fbpx

Corrupción, la otra cara de México

 

Según la encuesta “Las personas y la corrupción: América Latina y el Caribe” (2019) de la Organización Transparencia Internacional, México es el país con más sobornos en Latinoamérica.

 

 

En medio del escándalo de Lozoya y todas las revelaciones que surgieron en las últimas semanas sobre la corrupción entre los altos mandatarios ya quedó claro que si de algo se trata la política en este país es de ver quién es el más corrupto. Pero, ¿este mal mexicano es solo cosa de los grandes cargos o todos somos corruptos?

 

 

La RAE define la palabra corrupción como “una práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”. Asimismo, el investigador mexicano, David Arellano Gault, la define como “el abuso de la posición organizacional para obtener beneficios de manera ilegítima”.

 

 

Abuso de poder, utilización de recursos sobre otros, sobornos, cohecho, malversación, fraudes. Todas estas categorías involucran la “cultura de la corrupción” de nuestro país, sin embargo, basta leer las estadísticas del Barómetro Global de la Corrupción de Transparencia Internacional (2018) para darnos cuenta que en México no se necesita ser político para ser corrupto: una de cada tres personas dio “mordida” para agilizar trámites o servicios públicos (52% ante la policía, 35% en acceso a la justicia). Cinco de cada diez personas recibieron dinero a cambio de sus votos. El 44% de las empresas en México reconoció haber pagado un soborno.

 

 

Estos datos reafirman que México sí se mueve en torno a la clásica “quien no tranza no avanza”. Y lo que es aún peor, demuestran que ya normalizamos los actos de corrupción en cualquier sector social que frecuentemos. ¿O acaso nunca has dado “una lanita” para que te salves de la multa vehicular?

 

 

¿Somos o nos hacemos?

 

 

¿La corrupción es un comportamiento inherente al ser humano? Error. Estudios neurocientíficos ya han demostrado que no es así. Ni siquiera los animales están a favor de obtener beneficios individuales a costa de otros. Además, de acuerdo a algunos de estos mismos estudios, se ha determinado que vivir un acto de corrupción nos crea rechazo y hasta un tipo de “dolor”.

 

 

Ahora, pensadores como Baruch Spinoza plantean que “los actos de corrupción que cometemos son simplemente efecto o producto de leyes psicológicas, fisiológicas o sociológicas, es decir, estos tres aspectos son los “responsables” de los actos de corrupción; pues el ser humano es, simple y sencillamente, un instrumento del que se valen las leyes para la ejecución u omisión de dichos actos” (Foro Jurídico, 2018).

 

 

Para Spinoza no somos libres porque todos nuestros actos están determinados por leyes naturales que son causa eficiente de nuestras conductas. Pero también, como menciona Ortega y Gasset, en cualquier circunstancia siempre habrá un margen de libertad en la conducta humana para elegir qué hacer y qué no.

 

 

No podemos negar que existen circunstancias de toda índole que influyen en nuestras conductas, sin embargo, no las determinan completamente. Uno siempre será el que tenga la última palabra al momento de proceder ante los problemas. Uno siempre será el que decida ser corrupto o no.

 

Una herencia histórica

 

 

Bien se dice que el ser humano está predeterminado a repetir la historia y la corrupción mexicana viene inscrita en el legado que nos dejaron los conquistadores cuando la nación comenzaba a tomar forma.

 

 

Las crónicas y documentos históricos dan evidencia de que la Nueva España también se bañaba en corrupción porque, para esas épocas, las encomiendas (cargos políticos) en las regiones se compraban:

 

 

[…] Los oficios burocráticos en la Nueva España estaban sometidos a la dura prueba del tiempo como consecuencia de la venalidad, pues la duración de ciertos cargos, una vez adquiridos por compra, no pasaba de cinco años, por lo que el tiempo urgía si se quería recuperar la inversión.  Esta circunstancia de apremio obligó a muchos funcionarios astuto a echar mano de cuanto recurso encontraron para usufructuar al máximo su cargo (Cárdenas Gutiérrez, 2006).

 

¿Novedad? Para nada. Este dato antiguo solo demuestra que Lozoya, Duarte, Peña, Calderón (y todas esas almas negras que no mencionamos pero que conocemos) le aprendieron estas mañanas a sus ancestros españoles.

 

 

Para que un país pueda progresar, el ciudadano tiene que ser congruente con lo que le pide a su gobierno: a políticos honestos, ciudadanos honestos. Hay que señalar lo que está mal y, sobre todo, no debemos ser cómplices de ningún acto que siga fomentando que este país sea uno de los más corruptos del mundo.

 

 

 

Fuentes consultadas:

 

Cárdenas Guitierrez, S. (2006). La lucha contra la corrupción en la Nueva España según la visión de los Neoestoicos.

https://forojuridico.mx/nacimos-corruptos-o-aprendimos-a-serlo/

https://www.youtube.com/watch?v=aGGiFyPCHcA

 

Post a Comment

A %d blogueros les gusta esto: