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Conociendo San Francisco Oxtotlilpan, la última comunidad matlatzinca de México

Por Carina Vallejo

 

La pandemia por covid-19 nos ha puesto a repensar varias de nuestras prácticas que, para bien o para mal, han impactado en el medio ambiente; también le ha dado un refresh a las maneras en las que solíamos divertirnos, ¿quién en su sano juicio se atrevería a estas alturas a formarse en una fila para subirse a los juegos mecánicos, o para ingresar a un antro repleto de gente?

 

 

Como parte de las medidas de protección y cuidado, hemos empezado a privilegiar la diversión al aire libre y con ello también los lugares con poquita gente; por eso, en fechas recientes, hemos convertido a los bosques en uno de nuestros destinos preferidos para descansar un finecito de la conectividad y del espacio doméstico, dos de las grandes –y a veces abrumadoras constantes­– en este confinamiento.

 

 

Sin duda San Francisco Oxtotlilpan –la única comunidad matlatzinca que sobrevive en el país, ubicada en el municipio sureño de Tempascaltepec– es un sitio donde se conjugan la tranquilidad, la desconexión, el verdor y además la hospitalidad, la calidez y el cariño de sus habitantes que procuran de una forma súper amable a quienes los visitan.

 

 

¿Quieres saber que te aguarda en esa comunidad? Sigue leyendo 😉

 

 

Daniel y Vicente Cima, del Parque Ecoturístico Bemaatawi, fueron los encargados de recibirnos en la explanada de la iglesia de San Francisco Oxtotlilpan, nuestro punto de partida hacia el bosque.

 

 

En Bemaatawi ya nos esperaban doña Lourdes y doña Lupita, dos integrantes del comité ejidal y encargadas de cuidar ese parque. ¿Que qué puedes hacer ahí? De inicio tener una estancia ma-ra-vi-llo-sa en las cabañas que hay en ese sitio, escuchar cómo corre el agua del río que circunda el bosque, disfrutar de las delicias que tiene la cocina matlatzinca, ver las estrellas al anochecer. Si solo vas de entrada por salida puedes hacer la ruta de senderismo hasta la peña.

 

 

 

La entrada al parque cuesta $50 por persona y si te interesa hospedarte en un cabaña, puedes pedir informes al 722 494 4543 o en la página de Facebook de Bemaatawi.

 

 

Al volver a la comunidad, las sorpresas continúan en Nhatawi, un taller donde 10 mujeres elaboran unos licores que están lo que sigue de ricos. La materia prima de esta creación son todos los frutos y hierbas de temporada que crecen en San Francisco Oxtotlilpan.

 

 

Zarzamora, té de monte, granada roja, cedrón, guayaba, café, mandarina, plátano, prodigiosa… ¡Todos son exquisitos! ¿Una copita? Pide tus licores al 722 807 1025, mejor aún, ¡visítalas en Oxtotlilpan!

 

 

Daniel también nos condujo a una lomita donde está la casa de don Chabelo y doña Tere, que se dedican a hacer pan de horno.

 

 

Una habitación que está al lado de su casa resguarda el horno de piedra donde, de jueves a sábado, hornean el pancito que llega a la mesa de varios habitantes de San Francisco. Cuando llega Día de Muertos, el pan adquiere forma de conejos, elefantes, pajaritos o pollos.

 

 

Don Chabe amasa el pan con sus dos hijas, quienes también lo ayudan a colocarlo en las tablas para que repose y a bajar a venderlo al centro de la comunidad. Con suerte y en tu visita te toca disfrutar de sus manjares panaderos.

 

 

El recorrido finaliza en la casa de doña Silvia, que forma parte de Techiti, un grupo de mujeres matlatzincas que hace 11 años decidió reunirse para elaborar textiles de lana en telar de cintura y teñidos con elementos naturales, como la jara, el pericón, la raíz de maguey, el hueso de aguacate, zarzamora (¡súper abundante en San Francisco!).

 

 

Cuando comenzaron, el proyecto inicial se trataba de rescatar la indumentaria tradicional de la mujer matlatzinca, nos cuenta doña Silvia mientras doña Fran y doña Mari nos dicen que la falda que usa Sil fue elaborada por ella misma. Gracias a esa labor de rescate se dieron cuenta de que el telar de cintura es una herramienta muy generosa: “podíamos crear otras cosas y ayudarnos un poco económicamente con lo que hacemos”.

 

 

¿Que cómo aprendieron el arte del telar? De las abuelitas, nos explica doña Silvia antes de mencionar que las prendas elaboradas con lana son bien resistentes al tiempo y al uso. La cosa es que en muchas ocasiones la gente no valora todo el trabajo que hay en una sola prenda: la obtención de la lana, de los tintes, la hechura, “por eso no es justo que nos regateen, no saben el valor que tiene todo esto, todo el trabajo que tienen aquí es de muchas horas. No regateen a nadie de los que elaboramos esto”.

 

 

“Todas las piezas llevan un sentimiento, un momento de felicidad cada una. Son piezas únicas” nos dice muy firme doña Silvia, una cuidadora de la lengua matlatzinca y del telar de cintura.

 

 

¿Te interesa adquirir los textiles hechos por las mujeres de Techiti? Pregúntales a través de su página de Facebook Taller Techiti Matlatzinca.

 

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