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Fer Medina, biofertilizantes para salvar la agricultura en Tenango del Valle

Texto: Karlos Velázquez

Foto: Adriel Mendóza

 

 

 

Para María Fernanda, o Fer, como todos le dicen, el campo es una parte de sí misma, pues sus padres son agricultores en San Miguel Balderas, una comunidad que se ubica en Tenango del Valle, Estado de México. Fue ahí donde ella creció viendo la ardua labor de las personas que trabajan el campo y, sobre todo, comprendió todo el esfuerzo que hay detrás de la producción de muchos alimentos que consumimos a diario.

 

 

Antes de que Fer estudiara Ciencias Ambientales estuvo algunos semestres en Diseño de Modas. Whaaaat? Nada que ver, lo sé, pero para esta mujer haber cambiado de carrera ha sido la mejor decisión que de su vida y cuando le pregunto de qué va la carrera su respuesta es contundente:

 

 

“Estudiar ciencias ambientales no es ir a sembrar arbolitos, tampoco es ir a amarrarse a un árbol para protegerlo; las ciencias ambientales son para identificar problemáticas en nuestro entorno y crear estrategias para mejorarlo”.

 

 

Y fue así que con ese conocimiento comenzó a trabajar en y para su comunidad.

 

 


 

La raíz del proyecto

 

 

Cuando Fer comenzó a aplicar lo que le enseñaban en la escuela se dio cuenta que uno de los tantos problemas que aqueja al campo es el de los residuos agroquímicos, toxinas que estaban acabando con la fauna de la región e incluso detectó casos de productores que llegaban a intoxicarse con lo que comían y niños con problemas de salud derivados de estas situaciones.

 

 

“Fue entonces cuando pensé, ‘tengo que hacer que las cosas cambien’”, dice Fer —a esta altura de la entrevista, Adriel, que está en la cámara, ha tenido que bajar el volumen, ya que la voz de nuestra entrevistada incrementa proporcionalmente a la emoción con la que nos va contando del proyecto—. Es así como surge la idea de los biofertilizantes, productos elaborados a partir de recetas libres de uso y a traves de tecnologías económicas y accesibles.

 

 

 

“Desde niña siempre he tenido esta inquietud de salvar al planeta”

 

 

Su fabricación se realiza en centros comunitarios que, según el proyecto llamado “Campo Joven”[1], “utilizan como principal insumo los recursos regionales, permitiendo bajar costos de producción, impactando positivamente el ambiente, la economía local, competitividad regional ofertando productos sanos”.

 

 

 


 

 

 

Abrir la senda

 

 

 

Para Fer el suelo no es solamente un medio de producción como muchos lo piensan. Ella ve el campo como un ser vivo al que le debemos respeto y cuidado.

 

 

“El camino nunca va a ser fácil”, nos dice Fer, “te puedes dar de topes mil veces y te van a decir que no otras mil veces, pero hay que empezar a crear conciencia en los jóvenes para que comprendan que no todo son redes sociales y que es en la acción donde debemos aplicarnos”.

 

 

Fer reconoce y agradece el conocimiento universitario, pero también comenta que está en nosotros ir más allá para seguirse capacitando. “Debemos seguir avanzando y si realmente quieres hacer algo, es entrarle duro y a veces hasta sacrificar muchos momentos con amigos, con familia, pero porque tienes un propósito”.

 

 

 

 


 

 

 

Sembrar ideas

 

 

 

El trabajo de esta joven emprendedora no acaba en la protección del suelo que la vio crecer, para ella es de vital importancia que las nuevas generaciones volteen a ver al campo, por ello su sueño es crear una ecoregión agrícola productora donde, además, se pueda generar ecoturismo, camping, cursos de verano y hasta tiene visualizado un restaurante orgánico, eso sí, siempre con la intención de dejar en las personas un poquito de conciencia.

 

 

Ya veremos lo que ha de cosechar Fer en el futuro, seguro pura cosa buena.

 

 

 

 

 

 

 

[1]Campo Joven” es un proyecto al que Fer describe como “jóvenes impulsando a más jóvenes a hacer el cambio”.

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