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¿Nacemos racistas o nos hacemos racistas?

Cuando uno piensa sobre la discriminación racial es muy probable que la frase “eso a mi no me pasa” nos cruce por la mente. Partiendo de este punto tan común, es momento de explicar por qué no nos pasa y a qué se debe esta serie de privilegios raciales.

 

Primero, debemos rememorar que la gente de color siempre se ha visto sometida a la esclavitud. Recordemos a Abraham Lincoln, el presidente de los Estados Unidos que buscó por todos los medios romper abolir la esclavitud para otorgarles a los negros la libertad que desde nacimiento les correspondía por el simple hecho de ser seres humanos.

 

Para comprender mejor este contexto histórico te sugiero que veas dos películas: Abraham Lincoln, cazador de vampiros (2012), aunque suena loco el título, el trasfondo de los hechos te ayudará a ubicarte en los comienzos de esta batalla racial; y Lincoln, la clásica película épica que habla del personaje histórico, eso sí, con la super actuación de Daniel Day‑Lewis que le valió un Óscar al Mejor Actor.

 

Ahora, ¿la gente es racista o se hace racista?

 

Así como nuestras creencias políticas y sociales se forman conforme vamos conociendo el mundo, el racismo es solo un prejuicio que adquirimos desde que somos muy jóvenes porque se nos inculta a través de los actos de la sociedad en la que vivimos, o bien, a través de la incomprensión de las diferencias culturales.

 

¿Y es que quién dijo que existe la superioridad de las razas? Esto es tan ilógico que puede ser totalmente descartado desde el punto de vista científico, pues no existe otra raza humana que no sea el Homo sapiens.

 

Sin embargo, desde el siglo XIX hemos vivió aferrados al odio hacia algo que no va a cambiar jamás: el color de piel, la forma de los ojos, la textura del pelo, eso es, en pocas palabras, a lo que llamamos raza.

 

Racialmente, no existe la posibilidad de que los otros cambien. Tenemos que cambiar nosotros la forma de verlos. Esa evidencia es incómoda: no nos gusta cambiar. Y menos a cierta edad y después de que hemos crecido con una serie de estereotipos y prejuicios desde que tenemos uso de razón.

 

 

 

Los privilegios del blanco

 

En tiktok está siendo tendencia el reto de bajar un dedo por cada vez que la gente se haya sentido amenazada, humillada, discriminada y toda serie de situaciones de riesgo o peligro, por ejemplo:

 

  • Ser acusados de querer robar algo solo por su tono de piel.
  • Sentir miedo excesivo al ver a la policía rondando las calles.
  • No ser capaz de subir a un elevador porque la gente se rehúsa a que una persona de color vaya a su lado.
  • Recibir bullying en la infancia por el color de la piel.
  • No ser aceptado en un trabajo por el color de tu piel.

 

A esto, queridos lectores, se le llama privilegio racial, o bien, privilegio de la gente blanca, y existe desde tiempos de la colonización.

 

Así, si eres blanco es menos probable que seas visto como un potencial delincuente, es menos probable ser visto como un indocumentado en otro país, es más probable que te consideren atractiva o atractivo, es más probable que se proteja a tu familia en términos políticos, es más probable que tengas el derecho a expresar tu opinión, es menos probable que sufras actos de crueldad u odio… Y así podemos continuar con la lista.

 

Todo aquel que está acostumbrado a gozar de privilegios blancos, percibirá las luchas de igualdad como una amenaza. Todo aquel que no perciba un riesgo potencial en las situaciones antes mencionadas, sin duda se encuentra en la zona de confort del no peligro.

 

Para dejar un poco más claro este punto te recomiendo que veas estas películas: Historias cruzadas (2011), Moonlight (2016) y Green Book (2018). En ellas vas a poder entender cómo estos privilegios han aplicado por décadas en Estados Unidos y por qué el grito de #BlackLivesMatters se está convirtiendo en algo tan abrazador.

 

Por otro lado, la situación racial no solo se aplica a la gente negra, también está muy marcada en las situaciones indígenas de México, de ahí que siempre haya casos de culpas que se pasan a los menos “importantes” de la sociedad. De ahí que a la población indígena se le tome por ignorante por la carencia de sus conocimientos de la sociedad actual. Y lo más doloroso de todo es que incluso en nuestro país, la gente indígena y los afrodescendientes, o con rasgos culturales o físicos racializados afines, tienen una mayor chance de  haber nacido y crecido en familias con mayores privaciones socioeconómicas.

 

 

Scott Woods, escritor y poeta estadounidense, dice: “el racismo es un complejo sistema social y político establecido generaciones atrás. Sí, el racismo puede ver como odio, pero esa es solo una de sus manifestaciones. El privilegio es otra. El acceso es otra. La ignorancia es otra. La apatía de la gente es otra”.

 

El racismo, a fin de cuentas, es una enfermedad cultural mundial, un virus que persigue al hombre desde tiempos inmemorables.

 

Así que si después de leer esto te has dado cuenta que tu color de piel te ha salvado de muchas situaciones de riesgo, de situaciones de discriminación y de momentos críticos en la vida, alza la voz. Deja atrás la indiferencia e inculta la cultura de la aceptación y del respeto. No está bien ser apáticos en situaciones que arrebatan vidas en todos los rincones del mundo. Ya basta. Raza solo hay una: el ser humano.

 

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