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Nostalgia de lo cotidiano

Texto y fotografía: Ibiza Chedid

 

Ahora que estamos envueltos en esta nueva realidad pandémica me pregunto no solo cuándo, si no cómo regresaremos a la normalidad, o si tan siquiera existirá una normalidad como la conocíamos.

 

Si algo nos dejó el H1N1 fue la aplicación de mayor salubridad y la popularidad del gel antibacterial, pero esta vez es un hecho que la pandemia lo cambiará todo: la manera en la que nos relacionamos con las personas, la manera en la que trabajamos o vamos a la escuela, el transporte público, la economía…

Pero, ¿qué pasa con las cosas cotidianas? Esas cosas tan simples como comer un helado mientras caminas por las calles en una tarde de verano; reunirse con amigos; disfrutar espacios públicos; asistir a un festival o concierto; abrazar o besar a tu pareja, a tus amigos y a tu familia. Estas son las cosas pequeñas que solo se extrañan en momentos donde hacerlas pone en peligro nuestra salud y hasta nuestra vida. Por ello, me hacen pensar qué será de aquello que en este momento anhelamos como nunca.

 

Cuando esto termine, si es que termina, o al menos que evolucione y nos adaptemos, no sé si recordaremos esos detalles cotidianos, tampoco sé si quedarán en el olvido por la costumbre, pues la sociedad se ha tenido que conformar con saludar de lejos o desconocer si alguien sonríe debajo de un cubrebocas.

La filósofa Victoria Camps señala un posible camino que tal vez ya se percibe, porque, asegura, estamos descubriendo cosas como el valor del conocimiento científico o el de un buen sistema sanitario, el teletrabajo en el mundo del empleo y el colegio y que, a nivel individual, en la lectura y las artes, son opciones que pasan a un primer plano. “Cambiar de prioridades es posible —señala—, sólo hay que querer hacerlo” (La Vanguardia, 2020).

 

La palabra “pandemia” significa “todo el pueblo”. El virus no entiende de fronteras físicas, sociales ni generacionales. Y, en este caso, “el pueblo” es la humanidad. El nacionalismo aquí no cuenta. Se trata de un virus que desató una crisis global y que, por lo tanto, requiere de una solución global. Ante el virus todos somos iguales. Ante el virus los seres humanos no somos más que eso, seres humanos.

Y para reparar esta situación y salir fortalecidos, cuando pase la pandemia viral necesitaremos una pandemia metafísica, una unión de todos los pueblos bajo el techo común del cielo del que nunca podremos evadirnos. Vivimos y seguiremos viviendo en la tierra. Somos y seguiremos siento mortales frágiles.

 

Convirtámonos, por tanto, en ciudadanos del mundo, pues cualquier otra actitud nos exterminará y ningún virólogo nos podrá salvar en esta era de incertidumbre. Sin embargo, estoy segura que este año pasará a la historia como el año que el mundo se detuvo, el año en el que las personas aprendieron a estar solas, o a convivir forzosamente, el año en que a la sociedad le faltó el aire, pero el planeta por fin pudo respirar. Y aunque lo cotidiano ya no lo sea más, no olvidemos la gran lección que esta pandemia nos está dejando.

 

Fuentes consultadas:

https://www.lavanguardia.com/cultura/20200404/48280565051/coronavirus-epidemia-cambio-pensadores-futuro.html

Música: https://www.youtube.com/watch?v=tt2NIDtp-Ls

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