Feminis¿Qué?: Descubre qué es el feministómetro

En estos últimos años el feminismo ha sido un tema recurrente sobre la mesa, que si el feminismo esto, que si el feminismo el otro, que si va, que si viene.

La desinformación, el amarillismo y demás han provocado una gran cantidad de opiniones divididas acerca de este movimiento; opiniones que ni siquiera deberían existir, y es que, parece que todo se divide en blanco y negro, sin más.

El feminismo no es más que un movimiento que busca la concientización y realización de la mujer con respecto a su vida cotidiana y las circunstancias que la llevan a pasar por ella. NO ES UN ANTÓNIMO DEL MACHISMO. Sin embargo, conforme el movimiento ha crecido se ha segmentado un poco.

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Hemos podido observar diversas corrientes, como el liberal, interseccional, radical, entre otros. Por lo cual, es importante destacar que ninguna de estas es más importante que la otra, sino que, a pesar de que sus objetivos son casi los mismos, los canales para conseguirlos son un poco diferentes (al igual que la teoría), pero que van de la mano.

En este espectro y mediante las benditas redes sociales hemos caído en un loop interminable en el que la sobreinformación, el activismo, la sororidad, la teoría y la práctica están en la mira del mundo; gracias a eso tenemos un nuevo término que la verdad no es mucho de mi gracia: feministómetro.

¿Qué es el feministómetro?

El feministómetro es una herramienta abstracta con la que socialmente se mide la cantidad de feminismo aplicada en nuestra vida cotidiana. Además, estandariza el movimiento y lo cataloga dentro de un rango, enmarcando lo bueno y lo malo.

El feministómetro es un invento patriarcal, muy parecido a los memes de «¿Dónde están las feministas?» que se utiliza cuando hay una situación fuera del alcance del movimiento.

¿Cómo funciona el feministómetro?

Este utensilio crea esquemas tan altos y difíciles de conseguir que incluso muchas mujeres se abstienen de denominarse parte del movimiento.

Esto se vuelca dentro de una especie de reglamento para estar dentro; por ejemplo, si te enojas una sola vez con una mujer no eres tan sorora como dices.

Cuando claramente es imposible llevarnos bien con todo el mundo: una cosa es reconocer que entre morras sufrimos las mismas opresiones y estamos dentro de la misma lucha, pero otra cosa muy distinta es usar la sororidad como pretexto para aceptar groserías y malos tratos de otra mujer.

Ojo, la cosa no va por ahí, la sororidad no funciona así.

Otro ejemplo claro es el llevar una relación sana con algún hombre (pareja, papá hermano, etc), muchas veces se malinterpreta la lucha con una pelea interminable con los hombres y no con el sistema patriarcal.

Es como decir, «si te denominas feminista no puedes estar bien con un hombre», porque tarde o temprano va a salir mal (esto yéndonos ya a otro extremo).

El feminstómetro va desde la crítica por no leer suficiente teoría, hasta juzgar preferencias personales, como el maquillaje y demás.

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¿Cómo?

Sí, suena triste, pero volvemos a los roles de los que tanto hemos huido: endiosar conductas y caer en el miedo por no poder cumplirlos.

Juzgar, criticar, oprimir, volvemos al sistema de competencia, pero esta vez con nosotras mismas.

El feministrómentro nubla la mirada, evita observar las distintas formas de vida y posturas de las demás.

No todas las morras avanzamos en este camino de deconstrucción al mismo tiempo, ni todas tenemos la misma historia de vida.

Cada una de nosotras lleva un proceso distinto al separarse y desaprender conductas y patrones.

El feministómetro es una falsa idea que nos perjudica no solo como colectivo, sino como entes individuales. Nos llena de una promesa falsa, de expectativas casi imposibles. En conclusión, genera esa toxicidad de la que taanto nos queremos desprender.

¿Cómo evitar el feministómetro?

El feministómetro no es imposible de evitar, basta con visibilizar historias, escuchar argumentos, pero sobre todo acompañar y cobijar en este camino tan largo y tan lleno de obstáculos.

En este mundo patriarcal, que nos enseñó a competir, a abrir brechas entre nosotras y forcejear con nuestras cualidades debemos abrazarnos, no solo a nosotras mismas, sino a las demás que empiezan en este mundo. Porque empezar no es fácil, confiar tampoco.

Abrazar sí, pero sin permitir agresiones con el estándar de sororidad. Abrazar sin transgredir, abrazar sin tergiversar.