Hay decisiones que no empiezan cuando llenas una solicitud, sino mucho antes, casi sin darte cuenta. En el caso de Antonella García, todo apunta a que esa ruta comenzó desde niña, entre conversaciones e inquietudes sobre finanzas y una curiosidad que nunca se quedó quieta.
Hoy, desde Metepec, Estado de México, su nombre forma parte de un grupo destacado a nivel global que logró ingresar a una de las instituciones más selectivas en negocios: TETR College of Business. Un proceso donde decenas de miles aplican… y solo unos cuantos avanzan.


Fotografías: En Cancha y TETR College of Business
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Pero más allá del dato, lo que vuelve relevante su historia no es solo haber sido aceptada, sino el tipo de experiencia que eligió: una formación que no sucede en un solo lugar, sino en varios países, al mismo tiempo que se construyen proyectos reales.
Estudiar viajando (y no al revés)
La propuesta que encontró Antonella no se parece a la idea tradicional de universidad. Aquí no se trata de salir de México para instalarse en otro campus, sino de cambiar de país constantemente mientras se aprende.
Dubái, India, Ghana, China, Argentina, Nueva York y un país de Europa forman parte del recorrido académico. No como intercambio, sino como parte del plan de estudios.
Es la primera universidad que, mientras viajas, haces un negocio diferente en cada país.
Ese fue lo que la convenció. No solo el viaje, todo lo que conlleva: aprender haciendo, en contextos reales, con dinámicas económicas distintas y con una comunidad internacional que comparte la misma ambición.
Para alguien con interés en emprendimiento desde temprana edad, la conexión fue inmediata.
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Un proceso que filtra más que conocimientos
Entrar no es sencillo, y tampoco responde a los criterios habituales. No hay énfasis en promedios perfectos ni en expedientes tradicionales. El filtro está en otro lado.
El proceso incluye ensayos, evaluaciones aplicadas por inteligencia artificial, resolución de dilemas éticos en video y entrevistas con perfiles de alto nivel, todo en inglés.
La dimensión del filtro se entiende mejor con números: en generaciones anteriores, más de 100 mil aspirantes compitieron por apenas un centenar de lugares.
Es un proceso muy, muy selectivo… pero no buscan calificaciones, buscan cómo piensas, cómo resuelves.
Ese cambio de enfoque redefine quién entra. No necesariamente el mejor promedio, sino quien demuestra criterio, iniciativa y capacidad de ejecución.

De Metepec a una generación global
Uno de los momentos más significativos para Antonella llegó con la aceptación. No solo por el logro personal, sino por el contexto en el que se inserta.
Compartirá generación con estudiantes de distintos países, culturas y trayectorias. Un entorno donde su origen no es una limitante, sino parte de la diversidad que la institución busca.
Tengo compañeros de Argentina, Colombia, Dubái… y yo soy de Estado de México.
Lejos de sentirse fuera de lugar, encontró algo distinto: una comunidad alineada en mentalidad, donde el anhelo y la intención de construir pesan más que el punto de partida.
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Aprender haciendo, desde el día uno
El modelo académico rompe con varias estructuras tradicionales. No hay exámenes como tal, ni clases centradas en teoría. La evaluación está en lo que cada estudiante logra construir.
Negocios reales, resultados medibles y experiencia acumulada desde el inicio.
Aprender deja de ser un proceso previo a la acción y se convierte en algo que ocurre mientras las cosas están sucediendo. Para Antonella, ese punto fue determinante: la posibilidad de no quedarse únicamente con conceptos, sino de probarlos en escenarios reales, con acompañamiento de mentores que provienen de instituciones y organizaciones de alto nivel.
What if…
Si hay una idea que resume su decisión, no está en los rankings ni en la complejidad del proceso, sino en algo más simple y más potente.
¿Qué tal si? ¿Qué tal si entras? ¿Qué tal si te vas a viajar por el mundo?
Esa pregunta, más que motivacional, funciona como detonador, porque en contextos donde aplicar parece lejano o improbable, el mayor filtro suele estar antes del proceso mismo: en no intentarlo.

Un caso que redefine el mapa local
Historias como esta no solo hablan de una persona, sino de lo que empieza a ser posible desde lugares que, durante mucho tiempo, no figuraban en ese tipo de rutas.
Desde Metepec, Antonella no solo accede a una institución global, sino a una experiencia que combina formación, movilidad internacional y construcción real de proyectos.
No como excepción aislada, sino como señal de algo más amplio: el punto de origen ya no define el alcance.
Y que, a veces, todo empieza con abrir una pestaña, ver un video… y decidir aplicar ese mismo día.
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